domingo, 20 de mayo de 2018

Pégate a tu vida


Cada vez estoy más convencida de la sencillez de la vida, de que si nos la complicamos es porque queremos.

Cuando descubres, o aprendes, o se te revela, el gozo de disfrutar de lo más preciado, allá donde vas llevas tu dicha. Ya no puedes “meter la pata”, y se te acaba el orgullo y el “amor propio”, porque no eres tú la protagonista nunca más. Además, disfrutas con las pequeñeces de cada día, porque sabes que todo es regalo. No te importan tus dudas ni tus dificultades, incluso las amas. Te ríes de ti misma y de tus pretensiones y arrogancias, eres consciente de tu total ignorancia y tan solo sabes que alguien te habita, te pone en marcha, y te da lo que necesitas, en el momento adecuado.

Desaparece tú y que sea solo él. Pégate y sé uno con tu Ser amado, que se manifiesta en tu misma vida, en todo lo que te sucede, en tus seres queridos, en ti mismo. Pégate a tu vida.



Pégate a tu vida

y sonríe,

no te dejes atrapar

por momentos grises,

levanta la tapa

de tus deseos

y deja que emprendan

su nuevo vuelo.



Sigue a tu madre divina,

pégate a su sombra,

utiliza tu corazón de niño pequeño,

confía y no hagas preguntas,

suelta las ataduras

que te tienen preso.



Únete a ti mismo,

a tus perdidas batallas,

a tu caminar mágico y lento,

a la sorpresa de todos tus momentos,

y siéntete amado.



Has tenido suerte

de ser elegido

para ser humano

y besar el aire,

descubrir bellezas,

perseguir estrellas.



Pégate a tu tiempo,

a lo que te sucede,

a las mil casualidades

que te mueven,

siente dentro de ti,

agradece.

domingo, 13 de mayo de 2018

Aquí estoy


Cuando pienso que me falta algún paso para llegar a la meta, estoy equivocada. El milagro de la creación en la que estoy incluida, es perfecto. Se trata de honrarlo y alabarlo todo. Porque todo es manifestación divina.

Cuando cambiamos nuestra visión y miramos con ojos asombrados, vemos que todo viene en nuestra ayuda. El big bang interior que cada persona experimenta también es necesario.

En mí misma hay espacio amplio donde cabe todo: buenos y malos momentos, esperanza y desesperación, les doy la bienvenida, vienen de parte de alguien que me ama entrañablemente.

San José Mª Rubio: “El camino de la santidad es hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace”. Hacer y dejarnos hacer, con alegría, no con resignación. Una expresión muy común de saludo es: “Aquí estoy, aguantando”. Pura negatividad. Mejor cambiar “aguantando” por “agradeciendo”. La positividad es la base de la paz interior, y con ella tenemos el acceso abierto a nuestros recursos naturales de sanación, que nos hacen crecer hacia lo hondo y lo alto.

Todas mis sensaciones, sentimientos, experiencias, son expresión de vida. Esa vida que es el mismo Ser Divino que en mí se hace Presencia Amada. No hay que rechazar nada, en el cielo hay suficiente espacio para los días lluviosos y los soleados.

Aquí estoy, Señor, alabando y agradeciendo la vida.



“Aquí estoy, mi Dios,

como un ave que vuela en pleno cielo,

como un punto de luz,

como barco en busca de algún puerto.



Todos los vientos son mensajes de una voz,

todas las risas son anuncios,

todos los rostros emisarios,

todos los días se convierten en un paso.



Aquí estoy, mi Vida,

dentro de mí, agazapado,

contemplando la creación

en lugar privilegiado,

conociendo al gran actor,

en cada escena transformado.



Aquí estoy, mi Luz,

aprendiendo el sufrimiento necesario,

resbalando en los terrenos inseguros,

tropezando en las esquinas,

resurgiendo en los fracasos.



Aquí estoy, mi Amor,

como agua que brota en el desierto,

como aroma de flor,

como estrella fugaz del universo.



Y me dirijo a ti, junto mis manos,

y le presto mi voz a lo creado,

porque me has concedido

ser divino y ser humano,

porque me alimentan los abrazos

y los gestos de la tierra,

porque no puede pasar ni un día

sin que te quiera.”

domingo, 6 de mayo de 2018

Programa de actuación


Rezar, actuar con bondad y esperar en Dios. No está nada mal como programa de actuación en cada momento. En numerosas ocasiones será una actuación oculta y callada, porque rezar no hace mucho ruido, tampoco esperar y ser bueno. Se oyen más las protestas y las quejas, si  no, miremos de qué están llenas las noticias.

Sin hacer mucho ruido, esas acciones están plenas de fecundidad. Nos llevan a aceptar las correcciones que la vida nos impone, y a aprender de ellas. A mirar lo que es esencial. Y a esperar confiadamente.

La oración imperfecta, la bondad a medias, la esperanza mezclada con las dudas, también son bendiciones. Incluso el amor limitado es una bendición. Si esperamos la perfección en nuestras vidas es que aún no nos hemos dado cuenta de nuestra intrínseca limitación: somos frágiles vasijas de barro. Así hemos sido hechos. Aceptarlo es el principio de la sabiduría.

Los cuerpos y mentes perfectos, los éxitos seguros, solo existen en la publicidad que nos invade por todos lados.

Rezar, como un compartir alegre y confiado con Aquel que siempre nos acompaña en nuestro interior, y está en todo lo que nos sucede. Si este diálogo íntimo es sincero, como consecuencia natural sale a la luz la mejor versión de nosotros mismos, que está cargada de bondad, porque actuamos desde la paz interior y la verdad.

El sentimiento de íntima unión con el Aquel-que-solo-ama, nos cambia la vida, nos pone una sonrisa en el corazón, y esta se refleja en la cara. Esa unión nos da fuerza y nos regenera internamente.

Es el Reino. Es nuestro Cielo.

domingo, 29 de abril de 2018

El don de amar


El que ama es liberado. Es la medicina más grande, mejor dicho: la única medicina. Por el poder de ese amor ya no podrás enfrentarte con nadie, se acabarán las comparaciones, las susceptibilidades, las tensiones.

Ante esa persona que nos hace la vida difícil, nuestra oración, como dice el P. Darío Betancourt, debe ser: “Señor, dale éxito, más que a mí. Dale salud, más que a mí. Dale alegría, más que a mí. Dale fe, más que a mí…” En una oración sincera y continuada por ella. Esa actitud obra milagros, porque se pone en marcha el poder del amor, tan inmenso que no cabe en nuestra pequeña mente.

Respiramos energías poderosas y sanadoras, y cuando focalizamos nuestra atención en ellas y nos ponemos a su servicio, ocurren cosas extraordinarias: curaciones y transformaciones que nos dejan asombrados.

Se nos ha dado el poder, o el don, de amar. Lo tenemos siempre a nuestra disposición, pero a veces lo tenemos sin estrenar. Vemos gente llena de tensiones, preocupaciones, enfados y, como consecuencia, con una salud completamente deteriorada, porque está totalmente relacionada una cosa con la otra: salud del cuerpo y del espíritu.

Si comprendiéramos ese amor divino que brota como una fuente en nuestro espacio humano, que pasa como un rio bienhechor a través de todo lo que hacemos. Si por un momento fuéramos conscientes de ese regalo, de esa fuerza que nunca falla. Entonces, nos pondríamos a su servicio y seríamos testigos enamorados y entusiastas.

Podemos decir que a lo largo de nuestra vida, y juntando todas las pequeñas historias que nos suceden, estamos asistiendo a un parto muy anhelado: el alumbramiento de la luz y el sentido de nuestro caminar.
Todo está bien trazado y todo es por algo. Dejémonos llevar.

domingo, 22 de abril de 2018

Victorias entrañables


Cuando alguien me impulsa yo muevo mi vida y mi teclado. Yo poco tengo que ver en este movimiento, me empujan. Solo sé decir que estoy aquí para alabar y para atrapar la esencia con las palabras de mi boca y también pretendo alegrar espacios pequeños y muertos.

Mis palabras pronunciadas convocan a todos mis espíritus, ellos mismos me las dicen al oído previamente. Es un poco de lío entender todo esto, pero así lo vivo yo.

Aunque soy torpe de movimientos me gusta aspirar a lo más grande, a lo perfecto. Ahí apunta mi anhelo, es mi única meta.

Tan solo otro ser humano, cualquiera de ellos, me puede comprender a mí, estamos hechos de la misma materia, mezcla de hombres y dioses, de luces y sombras. Tengo que decir que en esta amalgama, siempre la luz es la que manda, de otro modo no podría avanzar mi historia y todas las otras historias. Como confío en esa luz, vivo tranquila.

Sin embargo, todo el mundo sabe que ninguna vida puede ser completamente tranquila, ninguna, mientras estemos en esta orilla de la vida. Es muy fuerte el peso del mundo, de las ambiciones, de los condicionamientos, de la presión social, de la exigencia personal. Tan solo una gran conquista nos espera cada día: la de la calma personal.

Aunque oímos decir: todo va cada día peor, yo digo: todo va bien, porque confío plenamente en esa luz que vence a las sombras, y nos da, una y otra vez, victorias entrañables y únicas. Hay que saber verlas, para poder cantarlas en canciones, expresarlas en poesías, plasmarlas en el arte, danzarlas en la vida de cada día. Multiplicarlas en infinidad de sonrisas.

Desde aquí animo a anotar cuidadosamente todas esas victorias de la luz. Anotarlas en el corazón y en esas páginas en blanco que escribimos cada día, para que no se pierda la luz que nos ilumina, y tener el privilegio de ser sus mensajeros.

lunes, 16 de abril de 2018

Yo de mi yo


Dice Tony de Mello: “No podrás experimentar nada que se encuentre más próximo a Dios que tú mismo. Dios es el fundamento verdadero de mi ser, el Yo de mi yo, y no puedo profundizar dentro de mí sin entrar en contacto con él.”

Profundizar en sí mismo y tomarse uno mismo es la llave más estupenda de tomar a Dios. Esto, como todo, no basta con decirlo, hay que vivirlo.

Tomarme con toda mi fragilidad, sin olvidar errores y malos momentos. Sin dejar a un lado inseguridades y tristezas. Abierta a todas las indicaciones que me señalan el camino y sintiéndome compañera y hermana de tantos que peregrinan a mi lado.

Llevo en mí el peso de costumbres y tradiciones, que me aprietan como un rígido corsé. Cómo caminar por espacios infinitos, donde no hay sendas marcadas ni puedo llevar equipaje.

Sin embargo, en mí misma tengo las ayudas necesarias, porque Aquel que es fundamento de mi ser y Yo de mi yo, sabe de mi debilidad. Y me ama. Solo necesito descubrir en mí esa dimensión íntima de profundidad, de infinito y de libertad. Sentir que lo más grande se expresa en mí y ponerme conscientemente a su servicio.

Al igual que un instrumento necesita estar afinado para que salga el sonido perfecto, yo también debo estar armonizada y preparada para que resuene en mí esa bella melodía divina que constituye mi esencia.

domingo, 8 de abril de 2018

Mi incomodidad


Descubro en mí cierta ansiedad en torno a la oración. Porque quiero hacerlo bien y obtener resultados favorables siempre, quiero avanzar, no estancarme. Quiero éxitos. En el fondo no llevo muy bien la oscuridad, quiero luz. También en este terreno necesito serenidad para ir aceptando mis momentos más decepcionantes, mis oraciones más pobres, mi desgana en ciertos momentos.

Necesito experimentar que rezar y confiar van totalmente unidos, y llegar al convencimiento de que esa confianza en la eterna fidelidad divina es mi único y luminoso camino.

Al final resulta que tengo que liberarme de mí misma, porque en esa oración personal sobra mi ego deformado por sus manías y sus exigencias, y solo es necesario el Espíritu amigo que remueve mis aguas interiores y me pone en marcha cada día. Pero yo ando siempre con prisa, buscando seguridades, señales, indicadores.

Para construir mi propio templo solo necesito los materiales que la vida me va proporcionando: mis circunstancias, mi conciencia, mi fe.

Carlo Carreto: “La oración no es una cuestión de ideal sino del corazón y de realidad”.

He sido y soy gestada y dada a luz por Dios, es el que me alumbra en cada respiración, el que me quiere viva ahora y siempre. Y el que me da lo que necesito. Lo que no tengo, aquello que no se me ha dado, sencillamente es porque no lo necesito.

No me pondré como meta estar satisfecha y en posesión de la verdad sino caminar humildemente sabiéndome amada.

Me llega ahora una bendición franciscana que comienza así: “Que Dios te bendiga con la incomodidad… para que seas capaz de profundizar dentro de tu corazón.”

Doy gracias por mi incomodidad, la necesito para estar despierta.