domingo, 17 de septiembre de 2017

Ser sabia (2)

Ser sabia sencillamente para gozar de estar viva. Sabiendo que esto es un tiempo fugaz y a la vez intenso, y que es preparación para la contemplación definitiva de la luz que somos y en la que existimos.
Si somos capaces de tomar distancia de nuestras pequeñas y múltiples preocupaciones, y observarlas amorosamente, quitaremos muchas tensiones, y nos sentiremos mejor.
Ante los grandes interrogantes, el porqué y el paraqué de la vida, debemos comenzar por aceptar nuestra ignorancia y dejarnos hacer por Aquel que sabe y ama, y para eso tenemos que aprender confianza.
El objetivo principal de cada día es relajarnos, calmarnos, para poder vivir de otra manera, desmarcándonos de esta carrera sin sentido en la que se transforman nuestras jornadas. El nerviosismo no nos sirve. La sabiduría viene cuando uno es capaz de aquietarse. En esa quietud está la auténtica persona.
Mucho me queda por recorrer, personalmente, pero no me preocupa, tengo un Director Espiritual Divino, ese sí que es sabio, y además infinitamente tierno y generoso.
Él me guía, yo no puedo dudar de él. Es un Ser que habita en lo más profundo de mí, y siempre me pone en el camino de la sabiduría y además quiere expresarse en lo que escribo.
Sé que cuando me he puesto en camino es porque ya he oído pronunciar mi nombre y voy en busca de mi identidad verdadera, mi ser auténtico.
Cuando se pronuncia mi nombre, yo me pongo en marcha, no antes. La iniciativa la tiene el mismo Amor, que me llama. Yo escucho su reclamo y me convierto en peregrina ilusionada.

Esa es mi única sabiduría: saberme amada y responder a ese amor.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Ser sabia

Soy aprendiza de sabia. En el camino utilizo recursos y trucos para conseguir mi objetivo, porque el secreto de la sabiduría ya sé cual es, y aprovecho cualquier situación para orientarme hacia ella.
Hay que tener las cosas claras y ver lo que conviene. Yo tengo claro que lo que me mueve es alcanzar esa sabiduría básica que no depende de estudios o logros alcanzados, ni de tener más o menos educación o posibilidades. Es más bien una actitud interior.
El truco más a mano que tengo es estar contenta con todo lo que me pasa. Y si ese contento no me sale de modo natural también puedo forzarlo, como se pueden forzar las sonrisas.
Cualquier cosa puede suceder, cualquier plan se puede torcer, por eso yo quiero tener mi corazón abierto y receptivo, y no solo aceptar lo que suceda sino aceptarlo con alegría.
Para eso hace falta otro requisito necesario: el sentido del humor. Desarrollando este sentido se hace más fácil la vida, todo es más llevadero, menos serio: puedo reírme de mí misma, incluso reírme de mi pretensión de ser sabia.
Se habla de la dificultad del camino pero igual se puede hablar de la facilidad del camino, depende de cómo lo enfoques. Lo que es evidente es que hay un ambiente general de queja y descontento, al que yo no me quiero unir.
“He venido para que tengáis alegría”, dice Jesús. Esa alegría es la que quiero, desde este mismo momento y para siempre.
Me falta decir cuál es para mí el secreto de la sabiduría: estar en armonía con todo, alineada siempre con lo mejor de mí misma, en estado de acogida y bendición, con el asombro y agradecimiento por estar aquí, respirar, existir.

Sabiendo que el presente contiene todo cuanto necesito.

domingo, 3 de septiembre de 2017

La aprobación

Vivir la vida momento a momento y aprender el arte de saborear los pequeños pasos. “La vida es algo que nos pasa mientras estamos ocupados en otras cosas”.
Estamos ocupados en tener éxito, quedar bien, prosperar, ser populares. Y para ello dependemos de la aprobación de los demás. Eso es una gran barrera que nos quita libertad y originalidad, y sobre todo nos hace sufrir innecesariamente. Como dice A. de Mello “la aprobación es una droga que nos administran de pequeños, y ya no podemos prescindir de ella.”
Para todo hay solución. Siempre el primer paso es darnos cuenta de lo que nos sucede.
Esta dependencia de los demás limita nuestra expresión sincera y auténtica. Cuántos bailan,  cantan o expresan su alegría en la intimidad, jamás en público. A otros les atrae escribir, pero ocultan sus escritos por temor a qué dirán. Y así tantas expresiones auténticas de uno mismo.
Al final, no vivimos plenamente sino que seguimos normas, pautas, lo que se supone que es lo correcto.
Cuando aterrizamos en el momento presente y damos el pequeño-gran paso de aceptarnos, de mimarnos y calmarnos, algo necesario estamos haciendo: estamos abriendo las puertas del Reino amado, del Cielo interior, del que nos habla Jesús. Ese sitio que es nuestro, ya y desde siempre, y es el lugar más creativo del universo, un espacio de libertad.

Hay muchas cosas que nos apartan de esta sencillez de vida, pero para eso estamos aquí, para trabajar en nosotros mismos y llegar a expresar nuestro ser más auténtico.