miércoles, 26 de abril de 2017

Enviados

En nuestro pequeño mundo somos enviados para anunciar la buena noticia del amor, la alegría y la bondad. Aparentemente no podemos abarcar más que a unos cuantos seres, aunque, en realidad, no sabemos la trascendencia universal de nuestros actos.
Para ir por la vida anunciando el Reino, como lo llamó Jesús, se nos regala Espíritu, así ya no vamos solos, sino que un viento que es divino nos lleva y nos trae. Solo hay que dejarse llevar.
Los problemas del mundo, que son tantos, los cargamos sobre los hombros, y pensamos que es imposible para nosotros cambiar nada, detener guerras e injusticias. Olvidamos que nuestro campo de acción está allá donde vayamos, ahí tenemos que dejar nuestra huella personal, y nuestro sello de hermanos. Y, a la vez, elevar nuestra oración continua por la paz.
Como decía alguien: “El misterio se desarrolla en la estación de metro”. Es decir, en nuestro sitio habitual de vivir ocurre lo más grande y extraordinario. Es muy importante ser conscientes de esto, para dejar la puerta abierta al asombro y la gratitud. A la alabanza del corazón.
Recargar nuestro interior de paz y alegría, para sembrarlos a nuestro paso, esa es nuestra principal tarea en esta vida. Independientemente del trabajo, la situación familiar o las circunstancias personales que tengamos.
Pasar del miedo a la confianza, porque Jesús sigue soplando sobre nosotros para que recibamos su Espíritu, que es nuestra única fuerza.

Vamos a escuchar a ese Espíritu que es el dueño de nuestra persona, vamos a seguir su luz.

domingo, 23 de abril de 2017

El desánimo

Una de las mayores tentaciones es pensar que estamos caminando solos, cada uno a su aire, dentro de su propia aventura personal. Sin rumbo, sin sentido.
No nos podemos imaginar el tejido de la vida, de todos los seres, de todos los tiempos, unido en un único objetivo o proyecto. No vemos el más allá de nuestras acciones y desvelos.
Es dura la vida cuando quieres cargar en solitario con el peso de todo sobre tus frágiles espaldas. Vienen entonces los “por qué a mí”, “para qué esto que hago”.
La primera consecuencia de esta tentación es el desánimo. Pensar que no puedes “cargar” con tantas cosas.
Al mismo tiempo que todo esto sucede… también hay veredas amables, momentos mágicos y amaneceres luminosos a lo largo del día, y hay que saber verlos llegar, apreciarlos, agradecerlos.
Con los ojos bien abiertos y el corazón atento escucharemos esa voz, esa melodía que va destinada exclusivamente a nosotros, porque nuestro enamorado nos conoce bien y sabe lo que necesitamos.
No taponemos nuestros oídos a las buenas noticias que nos llegan, no apresemos nuestros sueños ni sepultemos con basuras emocionales nuestra estancia más íntima, que es donde la vida nos declara su amor mediante la bendita paz de las entrañas. Ese es nuestro sitio verdadero, nuestra casa auténtica. Y va con nosotros allá donde vayamos.
Faena tenemos por delante para no dejarnos llevar por la tentación del desánimo, para poner las manos en el arado personal y trabajar con entusiasmo y dedicación nuestro propio campo interior.

Hasta dejar libre el acceso a ese lugar de máximo consuelo y honda alegría.

miércoles, 19 de abril de 2017

Entusiasmada

Sabernos valiosos y amados nos ayuda a saber quiénes somos y, como respuesta natural, a valorar y amar a otros.
No respiras solo, no ríes solo, no sufres ni disfrutas solo. Alguien te alienta, te impulsa, te conduce para llegar a ti mismo. Dios no fracasa.
Con el conocimiento de uno mismo nos aproximamos a la fuente que brota en nuestro interior y ahí nace la fuerza necesaria para entusiasmarnos por la vida y sus pequeños/grandes detalles. Cambiamos la mirada y todo cambia de color.
Es una gozada sentirse mimado por la vida. Y todo esto gratis. Sin esfuerzo ni mérito alguno. Porque sí. Y para todos. Que uno no se dé cuenta no quiere decir que el amor no esté habitándole en todo momento.
Puede ser que alguno diga: “Es que a mí no me pasan grandes cosas.” Entonces conviene empezar por lo más básico: recuperar la capacidad de maravillarse. Ser consciente del milagro que supone existir. Abrir los ojos y ver los colores y los paisajes es algo milagroso. Escuchar los sonidos. Tener pies para caminar. Brazos para dar abrazos. Tener corazón compasivo, de hermanos.
Si es que nos hemos vuelto insensibles hay que estrenar nuevos ojos y nuevas alas que nos devuelvan el entusiasmo.
Para los griegos, entusiasmo significaba “tener un dios dentro de sí”, “inspiración divina”, “rapto divino”.
José Antonio Marina: “Creo, como creían los antiguos griegos, que el entusiasmo es un don del cielo, o sea, una suerte recibida que conviene proteger. La etimología de la palabra es iluminadora: en-theós. Sentirse poseído por un dios.”

Viendo el origen de la palabra, puedo decir plenamente que estoy entusiasmada porque me siento amada y poseída por Dios.