miércoles, 22 de marzo de 2017

El mejor momento

Es impresionante la cantidad de pensamientos que nos zarandean, nos llevan y nos traen, y no nos dejan vivir en el ahora mismo.
Los pensamientos, sean de preocupaciones, alegrías o asuntos pendientes, se hacen los dueños.
El milagro de la vida, que siempre se realiza en el momento presente, pasa desapercibido como si no estuviese ocurriendo algo extraordinario segundo a segundo.
Parece que vamos por la vida solo con cabeza: la mente en funcionamiento, pero sin la profundidad del corazón, ni los sentidos, que son los que nos enraízan en la realidad, los que dan textura y sabor, calor y color.
Es frecuente que la mente nos inunde de miedos, siempre estamos asustados. Porque no asimilamos esa inquietud, ese desprecio, esa decepción, pensamos que eso no tendría que suceder así, pero sucede. Siempre pretendemos que la realidad sea otra, y lo más curioso es que cuando la aceptamos, por fin puede empezar a cambiar.
Hasta 365 veces aparece en la Biblia: “No temas”. Y los grandes santos nos dicen una y otra vez: “Todo está bien”. Sigamos esos tranquilizadores consejos. No dejemos el protagonismo a los pensamientos asustadizos, sí al hecho de existir y la bendición de amar y ser amados.
Tratemos de vivir consciente y amorosamente lo que es  inoportuno, lo que incomoda, lo que no esperábamos y no nos apetece, porque eso es la vida también. Pero en la mente acumulamos etiquetas, juicios de valor y prejuicios varios que no nos dejan ver con claridad ni nos ayudan a ser auténticos.

No dejemos escapar el viaje hacia lo único que importa: tomar conciencia del milagro en el que vivimos. Ahora es siempre el mejor momento de empezar.

domingo, 19 de marzo de 2017

Rosas y espinas

Es muy acertado comparar esta vida con un desierto, lugar increíblemente bello, a la vez que árido y seco, donde se juntan el cielo con la arena, y donde hay benditos oasis.
Cuenta Don Bosco que tuvo un sueño en el que se adentraba en un inmenso rosal lleno de espinas. La gente a lo lejos decía: “Qué a gusto viaja Don Bosco, caminando sobre rosas y todo es fácil para él”. “Pero no sabían qué dolorosos pinchazos estaba yo sintiendo en los pies”.
Precisamente así es la vida. Rosas y espinas. La diferencia fundamental entre los humanos, es que hay quien solo relata sus espinas y quien, con los mismos pinchazos, pone su mirada y se dedica a ensalzar la belleza del rosal.
Un sueño muy clarificador es este, una muy buena enseñanza para todos nosotros.
En este rosal espinoso, en este desierto en el que me muevo, la misma luz que yo anhelo es la que me guía y me atrae, me da consuelo, me cura heridas y me muestra las sendas que he de recorrer.
Dice Jeff Foster: “Nada de lo que suceda puede sacarte del camino. El camino ES aquello que sucede.”
Que la dureza de la vida no nos tape el cielo estrellado sobre nuestras cabezas, ni nos impida el aroma de cada rosa. Esa dureza, unida a la belleza, ya es el camino, van juntas.

Para ello, la actitud agradecida será nuestra mejor compañera de viaje.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Un corto viaje

Me gusta coleccionar frases que son faros en mi caminar. La última que me ha llegado es la moraleja de un relato que dice: “Nuestro viaje juntos es tan corto que no es necesario discutir por insignificancias.”
Cada vez tengo más claro que nuestros auténticos maestros son los que nos crean dificultades. Las situaciones conflictivas nos permiten formarnos en profundidad y buscar lo esencial y más puro que hay en nosotros mismos.
Si de dentro me sale ansiedad o rencor, es la señal de que algo tengo que sanear. Siempre mi meta es la paz, y ahí es donde tengo que emplear toda mi energía. Pensar en lo efímero de la vida y de las relaciones me ayuda.
Realmente esta existencia es un viaje en el que vamos descubriendo los tesoros que transportamos en nosotros mismos. Y es precisamente en los conflictos donde tenemos ocasión de sacar a la luz los dones recibidos.
La parada para apearnos de este viaje siempre llega pronto, por eso es mi elección disfrutar y encontrar el buen sabor de cada pequeño recorrido y practicar a toda hora el agradecimiento, que es la puerta del cielo aquí en la tierra.
Si consigo viajar en armonía y alegría con los que me acompañan, entonces mi vida espiritual estará a salvo y habrá merecido la pena este viaje.
Mi mayor responsabilidad es cuidar esa vida interior, porque lo que yo doy al mundo, este me lo devuelve. Mi faena es seleccionar lo mejor de mí para entregarlo como ofrenda y después recibirlo como regalo.
“La gente cariñosa vive en un mundo con cariño. La gente hostil vive en un mundo hostil. El mismo mundo.” (Dr. Wayne Dyer).