domingo, 20 de agosto de 2017

Punto cero

Aparentemente parece que nos hayan dejado solos para que vayamos construyendo nuestro propio destino. Nada más lejos de la realidad.
Nos entretenemos por el camino y nos perdemos en distracciones, en juegos de luces y sombras, aciertos y errores, gozos y penas. Todo tiene el tinte de la aventura, aunque no sea siempre de color de rosa.
Solo con fe es fácil la vida. Solo tocando en todo el misterio del Ser. Cuántas dificultades para llegar a la sencillez. Pero todo merece la pena. La alegría verdadera nos está esperando. Nadie tiene el poder de quitárnosla, porque no depende de los demás o de que se nos solucionen cosas.
Ese es el punto cero de la nueva vida. Donde ya no pides, ni caminas, ni te pones metas. Sencillamente agradeces porque sabes que vas dentro del “tren de la gracia”. Protegido y amado, en todo momento.
Decía Juliana de Norwich en el siglo XIV: “Durante muchos años yo había buscado a Dios y había conocido algo de él. Pero en un principio era tan tonta. No entendía que yo no podía ni siquiera buscarlo, a menos que él me guiara. Es Dios quien se mueve sobre nosotros, cuando quiere que conozcamos más acerca de él. Su voz silenciosa es la gracia que nos mueve con el deseo de buscarlo. Él es tan amable y paciente, sabiendo que andamos a tientas, inseguros.”
Me considero en el grupo de “los tontos”, porque aún creo que existen éxitos o fracasos, que todo depende de mí y muevo ficha cuando quiero, que mi conocimiento es elevado, y que ya me lo sé casi todo.

Me río de mi torpeza y confío en su bondad.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Adornar el corazón

No perdamos de vista el alma, la trascendencia que hay en todo, hasta en lo más rutinario y sencillo. Leí una vez un cuento para niños en el que decía que todas las cosas tienen corazón, también los objetos.
El corazón no se refiere al músculo que late sino al ser que todo lo invade y le da sentido.
Si tenemos el corazón adormilado, la consciencia está ausente y se nos escapa la belleza y la magia del momento.
Ese corazón, que es nuestro cielo, lo podemos adornar, cuidar y mantener limpio. Prepararlo como para una fiesta: la fiesta de la vida plena, que se realiza en este mismo instante.
La vida puede resultar muy difícil si nos encerramos en nuestros egoísmos, orgullos y rabietas. Sin embargo, estoy segura de que nadie quiere perderse el lado amable y alegre, el momento único en el que se rompe la oscuridad y nos alcanza la luz del encuentro, la complicidad y la esperanza.
Ese instante en que nos sabemos amados, y ya no importa el ruido que nos envuelve, o lo enrevesado de los senderos. Porque por fin sentimos, olfateamos, palpamos el plan de amor en el que estamos. Y ya no hay vuelta atrás. Ya tenemos que vivir para contarlo, para ser transmisores y animadores de la aventura espiritual que es la vida.
“Amar es una decisión”. También es una decisión vivir con consciencia y con actitud positiva, no poner barreras, sí tender puentes. Aceptar una y otra vez.

“Cualquier cosa que el momento presente contiene, acéptala como si la hubieras elegido.” (E. Tolle).

domingo, 13 de agosto de 2017

Mar de luces

La sencillez de la vida, la inocencia, la sonrisa fácil. Son para mí caminos y metas. Es un proceso de despojamiento y aprendizaje, con lo que nos toca a cada uno, es decir, con la misma vida, no en paralelo.
Entre rígidos envoltorios y con cáscaras endurecidas, en nosotros siempre hay un niño, al que tenemos que rescatar y volver a poner en el centro.
Ese niño es el que conserva la capacidad de asombrarse, apasionarse, entregarse. Y es en esa entrega donde aprendemos a ser receptivos, porque antes nos hemos vaciado de todos los impedimentos, tantos, que no nos dejan saborear lo más pequeño de la vida, que es lo que está a nuestro alcance.
Que todo está bien tal como está y no tengo que llegar a ningún sitio porque ya estoy donde tengo que estar, lo sé, pero solo a nivel teórico. En la práctica aún aspiro a conquistar una cima inexistente y lejana, donde se acabará la noche y todo será luz.
Me viene muy bien aterrizar en el presente más inmediato, en el ahora mismo, y esa es mi faena de todos los días. Así se disuelven las angustias de qué pasará y qué haré.
Recurro a la atención plena, la contemplación, el diálogo interior, y el silencio, siempre que puedo. También echo mano de la oración del corazón, del abandono y la alabanza.
Sin salir de mi casa me uno a todos los contemplativos, enamorados y buscadores. Me siento familia de todos los seres humanos. Sé que hay muchas personas a las que ayudar y quiero dar mi pequeña luz al mundo.

Todas las personas transportamos esa luz, ese niño, y formamos un maravilloso mar que alumbra la tierra.