miércoles, 24 de mayo de 2017

Una senda de paz

Entiendo muy bien a todos los humanos. Tan valientes y tan cobardes. Tan ilusionados y tan decepcionados. Tan buenos y tan malos. Como yo, porque todas las facetas de mis hermanos me definen también a mí.
Todos sin excepción vamos a vivir fracasos y victorias, batallas sin límite. Pero, para todos, en cada momento, se abre una senda de paz que nos llama a entrar.
Yo, en este aquí y ahora, quiero dar las gracias por esa puerta a la paz que me indica suavemente que entre. No siempre lo consigo, pero la paz no se rinde nunca y me vuelve a abrir sus puertas en el instante siguiente. No sé qué sería de mí sin esta insistencia por su parte.
Demasiado ruido y demasiados movimientos hago para demostrarme a mí misma que estoy viva. Me falta quietud y atención al momento presente, esa es la mejor forma para serenarme y apreciar la inmensa belleza de la creación, que es mi casa.
Todas las emociones están en mí y son cambiantes. Solo permanece aquel que me reconstruye a cada paso, me abre benditas puertas y me da besos a escondidas. Yo me agarro fuertemente a él y cierro mis ojos para saborear anticipadamente mi victoria. Que es la victoria de todos. Porque ese Reino anunciado ya está aquí, lo custodio yo a pesar de mi fragilidad y mis limitaciones.
Con esta conexión íntima y profunda mi cuerpo-espíritu se convierte en lugar de oración, plena y sentida, porque todas mis células sirven para almacenar el amor infinito. Y en ese regazo inmenso dejo mis preocupaciones. Solo quiero ocuparme en ser feliz.
“En el fondo de tu alma coloca,
antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda:
cuanto te deprima e inquiete es falso.”
(Teilhard de Chardin).
Repito: Solo quiero ocuparme en ser feliz

2 comentarios:

José María Simón dijo...

Dejar las preocupaciones en el lugar adecuado y buscar lo esencial

José María Simón dijo...

Dejar las preocupaciones en el lugar adecuado y buscar lo esencial