domingo, 28 de mayo de 2017

Transformación

Cuenta una leyenda china que en la parte más alta del rio Amarillo existe la Puerta del Dragón. Para llegar hasta ella., los peces nadan a contracorriente, algunos de ellos logran cruzar esta puerta y convertirse en dragones. 
Nosotros también tenemos nuestro personal rio Amarillo, que es la existencia, también tenemos que cruzar un umbral transformador, donde alcanzamos el verdadero poder, el de la mirada limpia y la bondad.
El convertirnos en dragones requiere un entrenamiento y una decisión. También la firme confianza en que somos llevados a buen puerto, es decir, todo va a ir bien, a pesar de nosotros mismos.
Desde que nacemos vamos subiendo por el rio de la transformación. Tenemos las ayudas, se nos va dando lo que necesitamos en cada momento, vamos bebiendo las enseñanzas a pequeños tragos, pero en cada trago saboreamos la vida entera.
En cada momento transitamos el camino, es importante descubrirlo. Las dificultades no nos apartan de nuestra meta, porque ellas mismas son el camino. Por eso, hay que avanzar con todo lo que nos sucede, sin rechazar ni despreciar nada. Agradeciéndolo todo.
Nuestro nivel de conciencia se va ampliando, los años nos dan sabiduría y serenidad. Por fin le damos importancia a lo que es importante. Es la hora de experimentar la sencillez de la realidad, y de ver que todas las cosas tienen sabor de Dios.
Con esa transformación no nos dejaremos atrapar por malos rollos que ensucian nuestro precioso estanque interior y nos dejan chapoteando en una sucia charca.

Convertirnos en dragones es un símbolo que significa ver la realidad con otra mirada, cuidar nuestro espacio interior y descubrir nuestros tesoros.

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