miércoles, 26 de diciembre de 2012

Sentirse llamado


“Vosotros no me escogisteis a mí sino que yo os he escogido a vosotros y os he encargado que vayáis y deis mucho fruto, y que ese fruto permanezca”. (Juan 15, 16)

Ahí está lo que marca la diferencia. No escogemos, sino que somos escogidos. No vamos por nuestra cuenta sino que somos llamados.

Cambia radicalmente el enfoque según pensemos que es de una manera o de otra.

Porque se trata de poner el mérito únicamente en quien lo tiene, el que llama, y por lo tanto se trata de reconocer nuestra pequeñez y revestirnos de una humildad infinita, que es la puerta de acceso al agradecimiento sincero.

Voy a ponerlo en primera persona, que parece que así me entero más: He sido escogida y se me ha encargado algo. Eso es.

Cuando voy, es porque en primer lugar ha habido una llamada. No porque yo sea tan lista que he adivinado que tenía que ir a ese sitio para… No se puede saltar el escalón de ser y sentirse llamado.

Y cualquier paso o cualquier cambio de ruta va precedido de ese tirón previo por parte de quien todo lo sabe y cuida de sus caminantes hasta el infinito.

Los que meditamos y abrimos el corazón en oración, hemos sido convocados para esa maravillosa faena, que es alabar y agradecer en nombre de todo lo creado. Los que dedican su vida a rezar en los monasterios, es porque han sido llamados para ello. Los que están en primera línea de las infinitas luchas por el Amor, también han escuchado la llamada en su corazón.

Todas las tareas importantes de la vida las emprendemos porque Alguien nos quiere en ellas.

Es muy fácil caer en la vanidad, está muy a mano creer que todo lo bueno es gracias a nosotros, y que somos los artífices únicos de nuestra vida.

Me gusta escuchar al Padre Arrupe cuando dice: “Esa continua creación es fuente de una humildad profundísima (todo de Dios), pero al mismo tiempo de una fortaleza extraordinaria. Dependencia absoluta de Dios. Es él quien dicta y ejecuta, quien piensa y comunica.”

Quizá nos hemos pasado de soberbios, orgullosos, arrogantes. Es hora de que inclinemos la cabeza y pongamos de rodillas a nuestro corazón para decir: “Padre mío,  Madre mía, aquí estoy para hacer tu voluntad”.

1 comentario:

Ricardo Miñana dijo...

Hola paisana, bonito espacio el tuyo,
que el nuevo año te llene de paz y felicidad,
y se cumplan tus deseos.
¡¡Feliz año 2013!!
un abrazo.