domingo, 5 de agosto de 2012

Reelaborar


Reelaborar. En algún sitio lo he leído y desde entonces veo cómo se aplica en mi vida una y otra vez. Ya me sucedía antes, pero no le había puesto el nombre.

Me pasa muchas veces que planeo una cosa, y sale otra. Entonces es cuando tengo que reelaborar.

Me sucedió el otro día que fui al médico pero me equivoqué y fui dos horas antes, podía haber supuesto un problema, pero no fue así. Como siempre suelo llevar un libro, fueron dos horas maravillosas las que pasé leyendo cómodamente sentada, con sensación de felicidad, mientras esperaba mi turno. Eso es reelaborar.

A todos nos pasa bastante a menudo, encontrarnos en una situación que no esperábamos. Entonces puedes tomar el camino del enfado, la desesperación, la rabia, el malhumor, o puedes reelaborar y convertirlo en una ocasión para demostrarte a ti mismo que tú mandas en tus emociones y en tus circunstancias, que lo que haces con lo que te sucede es cosa tuya. Y que no hay situaciones equivocadas.

Para reelaborar hay que poner lo mejor de uno mismo en cualquier situación inesperada, en cualquier cambio de planes.

Si tú llevas la armonía caminando con tu persona, no hace falta esperar que te venga de fuera, brota de ti te suceda lo que te suceda.

La vida en plenitud requiere de una continua reelaboración, reestructuración, puesta a punto original de uno mismo, estamos sometidos a continuos cambios. Incluso a nivel de nuestra fe, necesitamos “repensar continuamente nuestras imágenes de Dios” (Andrés Torres Queiruga). Lo que nos sirve para una etapa no nos sirve para la siguiente, lo vemos claramente cuando observamos la trayectoria de nuestra vida espiritual/religiosa. Tenemos que reelaborar también en este terreno que es el que afecta de lleno a la totalidad de la persona.

Y cuando nuestros espacios estén apolillados y trasnochados pues airearlos para que entre lo nuevo, la imaginación, e incluso la duda. Si estamos muy seguros de todo ya no nos visitan las sorpresas. Vivir es una continua sorpresa.

Dediquémonos a construir a diario nuestra interioridad. A reelaborar el precioso tejido de nuestro “ser personas humanas”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me lo apunto: reelaborar.

GRACIAS MAMÁ!