domingo, 25 de septiembre de 2011

Como el bambú japonés


Me he enterado de que el bambú japonés es una planta muy especial: siembras la semilla, la riegas, la abonas, y durante los siete primeros años no pasa absolutamente nada, después, en seis semanas crece la planta unos treinta metros. Ha estado durante todos esos años echando sólidas raíces que sujetarán fuertemente la planta cuando ésta crezca.

Cuánto se parece el bambú a los humanos, durante años y años la vida nos siembra semillas, momentos, experiencias, que en apariencia no conducen a ninguna parte, no nos alteran lo más mínimo. Pero después en pocos días o meses o segundos, la siembra da su fruto, sin que nosotros sepamos cómo ha sido.

Por eso, tengamos cuidado con lo que sembramos, con lo que sale de nuestra boca y de nuestro corazón, porque sin saberlo nosotros va haciendo su efecto, va ensanchando raíces y la cosecha que recogeremos después está en relación a lo que hemos sembrado.

Todo contribuye a que nuestras raíces se hagan fuertes; de todo, absolutamente todo, podemos aprender y enriquecernos, no despreciemos ninguna experiencia, ningún instante de nuestra vida, ni tristeza, ni dolor, ni amargura, todo son cimientos de nuestra personalidad, todo es necesario para que luego florezca la flor única de nuestro ser agradecido.

Tan cierto como que las estrellas nos acompañan, es que hay un fruto dentro de cada uno de nosotros, y la madurez verá la luz en el tiempo oportuno.

Tan fijo como el universo infinito es nuestro triunfo sobre la materia y las tinieblas.

Tan increíble como un mágico amanecer será nuestro nacimiento a la vida.

Pero ahora hay que aguardar, sin perder los nervios. Somos privilegiados, como el bambú, las raíces crecen a lo hondo, se entrelazan, se enriquecen. Su fuerza es la garantía de nuestro resurgir hacia lo alto.

Durante años no pasa nada en apariencia, pero por dentro se gesta la persona que llegaremos a ser. Tengamos paciencia para esperar, calma para vivir, sembremos nuestras entrañas de disponibilidad y de estancias acogedoras, sabiendo que nos quedan por saborear los más dulces frutos y las más bellas experiencias.

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