miércoles, 24 de agosto de 2011

Y yo me lo creí


Todo es cuestión de eso: creérselo o no creérselo. Si tú te lo crees, está la puerta abierta, está el corazón preparado, y la tierra abonada. Porque has dado el paso decisivo.

“Me hablaron del misterio divino, y yo me lo creí”. Ya está, no hace falta más. Porque si te lo crees tienes el radar puesto para recibir los mensajes que te van llegando y que te son tan necesarios. Y si no te lo crees es que tu vida aún no está preparada para ver.

“Me dijeron que yo era Hijo y Criatura, que tenía un Padre y Creador, y yo me lo creí”.

Es así de sencillo, te lo crees o no. Puede ser que nuestra preparación requiera de toda nuestra vida, y en el momento de morir comprendamos y creamos.

“Me he enterado de que todo está a mi servicio, para mi disfrute, para mi felicidad. Y yo me lo creo”.

Y si de verdad me creo esto, no me creo otra cosa. No cabe creer algo y a la vez creer lo contrario. Si estoy convencida de que el Amor me ama, no tienen cabida las desilusiones y desengaños, los temores y las pequeñeces. Todo se vuelve grande, infinito, enorme, eterno, universal y único.

A veces, conviene hacer una declaración de creencias, a solas con nosotros mismos, para ver en qué punto estamos, para ver lo saneado que está nuestro corazón. Para ver si no nos estamos engañando a nosotros mismos, y con la boca decimos que creemos, pero en realidad actuamos como si no creyéramos.

“Me creí las palabras que resuenan en mi interior y que me dicen: Yo te amo y he hecho contigo un pacto de vida y de paz.”

Con otras palabras, podemos decir que eso es la conversión, de la que hemos oído hablar muchas veces. Cuando se nos dice: conviértete, se puede expresar igualmente como: créetelo.

Créete que eres una persona única, irrepetible, original, bondadosa, y no importa si estás cargado de defectos, si estás hundido, si no lo sabes, si no tienes consciencia de tu misterio personal.

“Me contaron que los abrazos que recibo son tus abrazos, y el cariño que me inunda es todo tuyo. Y yo me lo creí”.

Pon luz en tu vida y créete el amor sin límites que te ha creado y te sostiene.

Créete la belleza de la vida.

Créete la alegría que te inunda al leer estas palabras, porque no es casualidad, está destinada a ti, en esta situación, con estos problemas, en estas circunstancias que no siempre son las mejores.

Créete el misterio increíble de nuestra Madre, Padre, Amigo, Origen, Creador, Energía, Maestro, Ser.

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