miércoles, 10 de agosto de 2011

El pacto


El Señor de la Vida hizo un trato con nosotros, un pacto.

Éstas son las bases de su trato:

SIÉNTETE SEGURO, CONFIADO, AMADO, LIBRE. VAS A RECIBIR UN ESPÍRITU, UNA FUERZA, QUE TE AYUDARÁ EN TU DEBILIDAD, QUE TE HARÁ CAPAZ DE SENTIRTE HIJO Y DE LLAMARME PADRE.

CUANDO EN EL FONDO DE TU CORAZÓN DESCUBRAS ESA FUERZA, VIVE PARA CONTAGIARLA A LOS DEMÁS Y PARA ALABARME.

Nuestra parte del trato es

servicio y alabanza

La otra parte pone

la fuerza del amor

Lo que no se puede explicar con palabras, tenemos que emplear imágenes asequibles para poder aproximarnos aunque sea de lejos a su comprensión.

Por eso los humanos, por revelación superior inventaron este pacto, que realza la consciencia de nuestra existencia en la órbita divina.

Y da relevancia a lo único que importa: pertenecemos al Amor. Todo lo demás es secundario. Esto no quiere decir que todas las cosas que nos pasan sean de segunda categoría, al contrario, son importantísimas, porque es precisamente ahí donde se nos revela la voluntad del Enamorado. Hay que estar muy atentos a lo que nos sucede, pero dándoles a los acontecimientos el sentido de mensaje, aviso, indicación. Todo es para aprender.

Desde el origen de los tiempos, desde el principio de nuestra creación tenemos un pacto de ternura y obediencia con nuestro creador. Somos nosotros los que tenemos que tomar en nuestras manos su defensa, su protección, sí, tenemos que proteger lo más sagrado que hay en nosotros y en el mundo: esa pureza, esa inocencia tantas veces amenazada y maltratada.

Con garra y con ilusión tenemos que defender nuestra divinidad, la que nos habita y nos mueve a caminar en la bondad.

Tenemos un pacto: servir a Dios, como guerreros iluminados y solidarios, tocados por el Espíritu, amigos de la vida, hermanos de todo lo creado, depositarios de lo eterno.

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