domingo, 15 de enero de 2017

La llamada

Todo en la vida es fruto de una llamada. Se nos llama porque se cuenta con nosotros. Por ejemplo, es una llamada: conviértete y cree. En qué tenemos que creer, en la bondad y en el amor, para poder sacar la mejor versión de nosotros mismos.
Se nos llama a nacer y a morir, a gozar y sufrir, a una familia, a un trabajo, a una misión, a una contemplación, a una mayor consciencia.
Y porque somos llamados a nacer, nacemos. La llamada precede a todo cuanto hacemos. Si nos sentimos impulsados a iniciar cualquier tarea es porque se ha pronunciado nuestro nombre.
Es importante y relajante saber que nosotros no podemos estropear nada, que vivimos inmersos en una perfección a la que nuestros desatinos no alcanzan.
Somos habitantes, Hijos, del gran Misterio del Amor-que-solo-sabe-Amar, y ahí estamos porque se nos ha llamado.
Soy convocada a participar del gran milagro de la vida, dentro de un cuerpo, un espacio y un tiempo, un contexto determinado. Si soy consciente de esta convocatoria única, la experimento con alegría emocionada y con pasión.
Cuando mis deseos emprenden su vuelo es porque he escuchado esa voz que dice mi nombre y me invita a soñar, que toca mis entrañas y me abre los ojos a la nueva vida, a la nueva luz de la mañana.
No existe la posibilidad de ir sin ser convocados. Por eso, respetemos el proceso particular de cada uno, no queramos forzar los destinos. Todo ocurre a su tiempo, no antes.
No pretendamos manejar los hilos, dejemos todo en manos de quien ya está: Aquel que nos envuelve con su ternura y delicadeza inmensa.
Voy a estar atenta para poder escuchar todas las llamadas que me van abriendo caminos en el océano infinito en el que me muevo.

Voy a prepararme para responder con un Sí Quiero en cada momento a mi enamorado.

2 comentarios:

José María Simón dijo...

Todo ocurre a su tiempo. Respetemos los procesos de cada uno. Gracias Conchi por tu reflexión

José María Simón dijo...

Todo ocurre a su tiempo. Respetemos los procesos de cada uno. Gracias Conchi por tu reflexión