miércoles, 11 de enero de 2017

Lo espiritual

Me encanta cuando leo a Carmen Jalón en “Crear cultura de interioridad”: “Lo espiritual tiene el sabor de lo material, del placer, de la libertad, de la novedad, de la creatividad, de la vida”. Y habla de la ducha, de limpiarse los dientes, sentarse a una mesa…
Sigue diciendo: “Todo es susceptible de adquirir una significación más profunda si tomamos consciencia de ello y lo convertimos en ofrenda y ocasión de comunión con la Totalidad. Las posibilidades son infinitas”.
Ya sospechaba yo que el espíritu venía mezclado con la materia de tal manera que era imposible separarlos ni con el bisturí más sofisticado.
Pero vengo de la cultura del alma frente al cuerpo con muchos siglos de duración y eso me ha marcado. Por eso me sigue costando contemplar mis células como lo más sagrado y espiritual que se me pone a mi alcance. Y también sigo viendo en mi ignorancia algún error del destino, cuando todo está medido y bien medido, hasta mis cabellos.
Se podría añadir que lo espiritual tiene el sabor de los hijos, de los amigos, de los paseos, de los encuentros. También de mí misma, con mis logros y fracasos.
Y si todo es espiritual es que somos espíritus. Y en qué nos cambia la vida el saberse de una u otra manera. Básicamente en nada. Solo son palabras.
Lo importante es gozar de lo que se tiene en cada momento, sabiendo que todo es por y para algo y que somos pequeños o grandes seres transportando un montón de añadidos más o menos inútiles, de emociones y de materia. Y que todo ello es pasajero.

Ya que necesitamos hacer este trayecto vamos a disfrutarlo. A mí me gusta pensar que soy un espíritu humano al que le toca custodiar en su corazón lo más grande, y para eso todo lo material me sirve si pongo mi intención en la alabanza y la acción de gracias.