miércoles, 23 de septiembre de 2015

Caminantes privilegiados



Ese río que es nuestra vida, arrastra desechos, inercias, cosas inservibles, historias mal gestionadas. La corriente de todos los ríos humanos es idéntica a la nuestra, fluye y fluye, sin que podamos detener los acontecimientos, parar los minutos o encauzar lo que no va por el camino correcto.
Somos débiles, inconstantes, temerosos, y además mal pensados y orgullosos. Y sin embargo, somos caminantes privilegiados sobre una Tierra sagrada.
Es imposible entendernos, comprender el alcance de la existencia, de la vida y la muerte, es difícil asimilar nuestra propia pequeñez y a la vez nuestra grandeza.
Nuestra mente no puede abarcar todo eso. Pero quién ha dicho que sea la mente la que decide y manda. Tenemos un cerebro en el corazón, esto no me lo he inventado, lo he leído. Este cerebro capta las cosas antes y mejor que el que tenemos en la cabeza. Es donde se libera la oxitocina, que es la hormona del amor. Cuando se utiliza el cerebro del corazón todo se armoniza y funciona correctamente.
Nuestro cuerpo, en su imperfección, es perfecto, tenemos que confiar en lo que la naturaleza nos ha dado, no estamos desasistidos o abandonados.
No dependamos tanto de la mente, independicémonos de los pensamientos. Dice el Tao: “Deja de pensar y finalizarán tus problemas”. Me parece genial. Lo voy a intentar. Y si no puedo dejar de pensar, por lo menos poner en tela de juicio todo lo que pienso, burlarme un poco de mis propios pensamientos. Saber que no son inamovibles. Ser consciente de ello, con eso me conformo.
Solo quiero darme cuenta de que soy caminante dentro de un universo extraordinario y una divina creación. Y poner toda mi energía a su servicio.

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