domingo, 26 de abril de 2015

Ser personas-cántaros



En la Evangelii Gaudium, se dice “estamos llamados a ser personas-cántaros para dar de beber a los demás, personas de fe, que con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza.”. (n. 86).
Me he apropiado enseguida esta imagen, me veo en ella. En primer lugar porque se me ha dado la sed suficiente para buscar saciarme, beber en frescos y apetecibles manantiales. Y además porque me gustaría ponerme al servicio de los que necesitan orientar su caminar interior.
Siento que Dios me habla a gritos, y nadie piense que se trata de oír voces sino sencillamente de tener tocado el corazón, porque las frases llegan a mí como dardos enamorados y me hacen ponerme en marcha en cada recodo del camino, como si cada día fuera el primero para mí de esta vida que siempre está brotando.
Necesitamos un cambio, tratar los temas que nos afectan profundamente, a la luz del Evangelio para los cristianos, o de los grandes maestros, para otros.
Repensar nuestra vida con las claves que nos dio Jesús, y con su vida como modelo. Crear nuevos espacios para escuchar su Palabra y para interpretar nuestra vida a la luz de ella. Él decía: “he venido a encender un fuego”, pues ese es el mismo fuego que tenemos que mantener encendido.
El fuego nos da calor, nos da sensación de vida, nos impulsa a contagiar y quemar cuanto está a nuestro alcance. Lo contrario es el corazón frío, insensible y muerto, es la tristeza y el desamor.
Como nuestra esencia está hecha de calor, seamos personas cálidas, conscientemente. Esto significa unión, no ruptura. A veces decimos que en tal sitio hay calor humano: se trata del cariño que nos une y siempre sana.
La vida se vuelve muchísimo más fácil cuando nos encontramos con personas que no quieren estar por encima de nadie, que son alfombra para los demás, porque están al servicio de todos, “cuidan de no hacer mal a nadie”, como se dice de Job, y nos enseñan con su vida lo que significa amar.
Estamos necesitados en estos tiempos, igual que en los que han pasado, de un mayor acercamiento entre las personas, de corazón a corazón. Compartir los tesoros que llevamos dentro, encontrar momentos para expresarnos desde lo hondo, con el alma desnuda de cosas superficiales, poner en común la angustia que supone vivir y no saber nada. Y alentar la esperanza que siempre nos acompaña.

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