domingo, 16 de noviembre de 2014

El mundo interior



La vida interior es una asignatura pendiente. Además es La Gran Asignatura, la más necesaria de todas, la que está en la base de todos los temas vitales, la que está mezclada con todo lo que hacemos, y se puede convertir en la luz que alumbra nuestra noche.
La vida interior se cultiva en el silencio del encuentro con uno mismo, en la atención cuidadosa a nuestros anhelos, en la consciencia sobre cada detalle, en la búsqueda apasionada de lo que nos mueve y nos trasciende.
La sorpresa es clave en ese mundo interior. Porque al adentrarnos en nosotros mismos vamos descubriendo que es un espacio inmenso, infinito, donde se respira libertad, donde hay alegría. Está libre de los condicionamientos que nos rodean. Lo que nos lleva a sorprendernos de lo fácil que es la vida si la miramos desde un corazón limpio y con una mirada nueva.
Hay que tener en cuenta que el mundo interior abarca lo de dentro y lo de fuera. Lo contrario de la interioridad no es la exterioridad sino la superficialidad.
Somos un bloque unido donde nuestras células y órganos están conectados con nuestras emociones e ilusiones. No van cada uno por su lado. Son armonía siempre. Por eso si algo no nos va bien, nos duele la cabeza, la espalda, el estómago. Y en momentos de alegría nos olvidamos de los dolores.
Con esto quiero decir que esa mirada lúcida y atenta sobre nuestro interior va a repercutir hasta en nuestra misma piel. Y además nos va a dar un entendimiento profundo de nuestras emociones y de los hilos que las mueven.
Somos un todo de vida, armónico, unido, palpitante, nuevo siempre, porque nuestra materia no se está quieta. Y somos lo felices que creemos serlo, también lo desdichados que creemos serlo, porque todo brota de nuestro pensamiento, y desde ahí tenemos el poder de cambiar las cosas.
Busquemos el equilibrio personal en todo lo que hacemos, Eliminemos las malas caras, sonriamos siempre: sonreír no solo relaja los músculos de la cara sino también ensancha el corazón. Abracemos todo y a todos, el abrazo es sanador. Es lo más beneficioso para nuestra vida, no importa que a veces nos haga parecer tontos.
Cuidemos nuestro mundo interior para que nos brote de nuevo la ilusión y nos sintamos como niños felices ante el gran regalo de la vida.

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