domingo, 10 de marzo de 2013

Vivir en positivo


“O eres consciente de tus enfados, de tus nervios, de tus preocupaciones… o los nervios, las preocupaciones o el enfado te dominarán. Es así de sencillo: si no piensas en ellos, ellos pensarán por ti y te llevarán donde no quieres”. (Pablo d´Ors).

Es verdad que las preocupaciones nos llevan a donde les da la gana, que los estados alterados o nerviosos son los que mandan, y que estamos inmersos en multitud de enfados que no nos aportan nada positivo, que son altamente perjudiciales para nuestro enriquecimiento íntimo.

Hay que tomar alguna decisión, pocas, en esta vida, me refiero de las que son importantes. Una de ellas es: “yo decido ser feliz”. Con esta decisión en el punto de mira, yo tomo las riendas de mi vida, siempre procurando alcanzar esa meta.

Para tomar este tipo de decisiones conviene parar un momento el tiempo, abandonar nuestros quehaceres, incluso adornar un pequeño espacio para reunirnos con nosotros mismos. Y entonces en esa intimidad acogedora que hemos creado decir en voz alta, o escribir y meditar la decisión con la que nos comprometemos: “Yo decido…”

Hay que darle importancia a las cosas importantes, ponerles un marco original y único, para saborear nuevas experiencias, y hasta llegar a asombrarnos con la sensación de estar vivos.

Somos manipulados y dominados por todas las emociones, sentimientos, y circunstancias que llegan a nuestras puertas. Estamos siempre en alerta roja, a ver ahora qué pasará en mi vida. Qué me espera. Con qué nuevo problema me voy a encontrar.

Es difícil tener serenidad si no la cultivamos nosotros mismos, si no nos empeñamos concienzudamente en conseguir desprendernos de condicionamientos y ansiedades, si no eliminamos el sufrimiento innecesario, si no nos dedicamos a cuidar nuestro tesoro interno, el que transportamos todos en nuestro corazón, y que tantas veces permanece ignorado, inexplorado.

Aceptar nuestra vida tal como está sucediendo e introducir en ella el agradecimiento, la alegría, la esperanza.

Con nuestros enfados y tristezas, no estamos sirviendo más que a nuestra parte más egocéntrica. No nos miremos tanto a nosotros mismos sino que admiremos la belleza y la perfección en la que estamos inmersos.

Tomar la decisión de vivir en positivo, buscar siempre la bondad; confiar, incluso en los momentos más desfavorables; estar siempre en disposición de sonreír, disculpar, acariciar, animar al que está a nuestro lado.

Y reírnos de nosotros mismos, no tomarnos tan en serio. Ponernos en último lugar, para desde ahí contemplar la sencillez y la magia de la vida.

Aceptar tus limitaciones y conducir la vida por donde tú quieres.

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