miércoles, 6 de marzo de 2013

El gran ignorado


El gran ignorado, el que no cabe en nuestras palabras y le hemos situado en el género masculino; no entra en nuestros esquemas y nuestra pequeñez y pensamos que está allá arriba, en el cielo.

En el que estamos inmersos.

A quien hemos colocado en un altar, en una religión y en unos ritos. A quien cualquier impulso negativo puede hacer sombra.

El gran ausente de nuestras conversaciones, de nuestros proyectos, de nuestras vidas.

Ese gran desconocido, esa gran incógnita a quien solo nos aproximamos con nuestra sed, con nuestros anhelos.

Amigo que abraza, Madre que amamanta, Padre que acoge, Brisa ligera que suaviza la aspereza del camino, Volcán encendido en nuestras entrañas.

Extraño para nosotros que somos sus criaturas. Mendigo a nuestras puertas, esperando una limosna de ternura, un silencio emocionado, o un sí quiero confiado.

Cuándo comprenderemos que vamos sujetos de la mano, amparados, aconsejados en cada momento, rodeados de impulsos bondadosos, de espíritus amigos.

Existen duras pruebas en la vida, también existen espléndidas ayudas para superarlas y poder sacar fuerzas positivas de los sufrimientos.

Cuándo entenderemos que nuestra vida es un préstamo de la misma Vida, un tiempo para contemplar y alabar, y que nos suceda lo que nos suceda, esa es nuestra única misión.

Cuándo seremos conscientes de que nada nos pertenece, porque todo es don, regalo gratuito, generosidad infinita.

Cuándo nos situaremos por fin por encima de los problemas y de los acontecimientos que nos van sucediendo, sabiendo que somos infinitamente más que un montón de circunstancias favorables o adversas, y que siempre recibiremos ayudas como hijos amados que somos.

Pongamos la confianza en las palabras del Salmo 33: “El hombre honrado pasa por muchos males, pero el Señor le libra de todos ellos”.

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