domingo, 3 de marzo de 2013

Misericordia


Hay palabras grandes, de hondo significado, en las que cabe el mundo entero. Una de ellas es “misericordia”.

Significa una actitud de bondad hacia toda la gente, y sobre todo hacia los que más lo necesitan.

No estamos ciegos, todos sabemos cuáles son las personas de nuestro entorno que más necesitan nuestra aceptación y abrazo sincero. Y si no nos hemos dado cuenta, basta con ir a los centros de acogida, a las organizaciones de ayuda, a las residencias de ancianos, a los pisos que tienen a los niños sin familia, a los grupos de personas que ayudan en las cárceles, en los hospitales.

Literalmente, misericordia significa que nuestro corazón atiende y se preocupa por los que lo necesitan.

No se puede descuidar la vía del prójimo, de nada sirve rezar si no atiendes a tu hermano, a tus personas cercanas, y también a los más necesitados de tu entorno.

A veces la relación más problemática es con los más cercanos. Qué casualidad que los que más problemas nos dan sean los que tenemos más cerca. Pero no es tanta casualidad: tenemos que reconocer que la convivencia es difícil, en cambio de visita todos somos más civilizados.

Se trata de aceptar las cosas tal como suceden y a las personas tal como son. A partir de ahí podemos empezar a funcionar en armonía y a construir la paz del mundo.

Un corazón compasivo: acoge, acepta, integra, impulsa y disculpa.

El que actúa con compasión hace de padre, madre y hermano para aquellos que más lo necesitan. Todos somos realmente familia universal, pero hemos puesto entre nosotros demasiadas barreras, fronteras, tabiques.

La vida nos va poniendo las soluciones a mano, somos sus criaturas. Alguien me decía: “ha tenido que ocurrir la enfermedad de este familiar mío para que yo haya podido acercarme y dialogar con él”.

Sí, a veces las soluciones vienen a través de una crisis, o de dificultades de salud, económicas o de otro tipo.

Todo es para bien, también las enfermedades y las dificultades, aunque con ellas nos creamos que no hemos llegado a ninguna parte.

Todo nos guía, suave e imperceptiblemente, hacia un mayor conocimiento de nosotros mismos, o lo que es igual: a una mayor aproximación al Ser que nos habita.

Abramos nuestro corazón y dejemos salir misericordia y compasión hacia todo y hacia todos.

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