domingo, 6 de enero de 2013

¿Con qué me presentaré?


Dice Miqueas: ¿Con qué me presentaré yo a adorar a mi Dios?”

Muy buena pregunta para hacerse cada uno personalmente. Yo puedo decir que tengo como guía el corazón enamorado y la fe que me hace saltar abismos de ignorancia y de tinieblas.

Quizá se me pide precisamente eso: sentir amor hacia todo y todos, y hacer un acto de fe y confianza, en quien ha depositado en mí ese amor.

El profeta sigue diciendo: “Ya te ha dicho el Señor lo que espera de ti:

1º- Que actúes con justicia.

2º- Que seas fiel y leal

3º- Que camines humildemente con tu Dios.”

O sea, que ahí están las 3 cosas con las que me tengo que presentar: la justicia, la fidelidad, la humildad.

Son palabras muy grandes, tanto que es casi imposible llegar a entenderlas o mejor, a vivirlas.

En el terreno material, si aplicamos radicalmente el término “justicia” muy pocos pueden decir que lo cumplen. Los que tenemos casa, objetos y alimentos en abundancia, familia, seguridad… ¿con qué cara podemos decir que somos justos? ¿Dónde está la justicia cuando nos ha tocado la mayor parte del botín de las cosas materiales para vivir? Aunque intentemos ayudar a las necesidades de nuestro alrededor siempre hay latente una situación de injusticia.

Sí que está en nuestra mano ser compasivos y solidarios en todas las situaciones. Ayudar al que más lo necesita, ocuparnos de que no se sienta solo, de que cualquier persona encuentre acogida en nuestro corazón.

Ser fiel y leal, eso es todo un camino. Se nos da el empuje y la fuerza necesaria, tenemos toda la vida y todas las ayudas para avanzar en este terreno.

Caminar humildemente dentro del misterio que nos habita, con confianza y atribuyendo todos los méritos a quien reparte los dones, al único que sabe, piensa y comunica. Ese también es un rasgo necesario, porque sin humildad nada está en su sitio, todo está equivocado.

Nuestra vida/búsqueda es una peregrinación increíble que hacemos una sola vez. Si tenemos el corazón abierto, la mirada agradecida, y caminamos con total humildad, nos sorprenden hasta las piedras del camino y todo lo vemos como un regalo para nosotros.

¿Con qué me presentaré? Voy a meter en mi mochila lo que necesito, y desprenderme de lo que me pesa y no me deja avanzar. Si necesito justicia, lealtad y humildad, pues tendré que trabajar para obtenerlas.

Ese va a ser mi presente, envuelto en agradecimiento.

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