domingo, 9 de septiembre de 2012

Ni premios ni castigos


Ya no necesitamos los premios y los castigos para movernos en el Océano de la vida, ya se acabó eso de hacer buenas obras para conseguir un cielo, o abandonar las malas acciones para evitar un infierno.

Porque no estamos aquí con el propósito de conseguir nada. El premio ya lo hemos obtenido tan solo con nacer y vivir.

Es importante eliminar ese dios que nos tiene que premiar o castigar, y que está esperando la más mínima falta para ponernos en la cola de los pecadores.

La creación, los humanos incluidos, ya ha sido aprobada por el Creador, la ha visto bien. Y ahora confía en nosotros para que, cada uno en su parcela, la acabemos de completar, pero no para premiarnos, sino para que disfrutemos siendo, además de hijos amados, co-creadores.

Nuestra relación con el Padre/Madre divino/a nunca tiene que ser angustiosa o llena de temor. Ni siquiera tiene necesidad de estar ligada a una religión o unas costumbres. Si tu creencia te sirve para ser consciente y experimentar la presencia divina, adelante. Pero si no te sirve para eso, pues busca otra cosa. Busca un paisaje, una música, un amigo… que te llenen el corazón y con los que recuperes la dicha de Ser.

Fíjate una meta, la de la alegría, y ponte unos deberes a ti mismo, para conseguirla. Elige las actividades que sean adecuadas, los proyectos que te vayan bien, no otros. Diseña tu presente con las actitudes que tú quieres para ti mismo. No te angusties si no sabes cómo empezar: copia. Todo está hecho y vivido ya por otros. Nada hay original.

Cuántas veces los más sencillos, los que pasan por nuestro lado sin hacer ruido, son un modelo para nosotros.

A mí se me van los ojos detrás de los que tienen mucha fe. Les noto una fuerza especial, una alegría en la mirada, son poseedores del secreto: confiar. Y son luchadores entusiastas, saben que la victoria la tienen asegurada.

Hoy mismo me he encontrado con una persona conocida que me ha dado lecciones de bondad: en un ambiente desfavorable trata continuamente de poner paz, con lo que me he reafirmado en que los grandes santos caminan a nuestro lado.

El arte de calmarse a uno mismo buscando la armonía personal es una habilidad vital necesaria. Que cada día demos los pasos necesarios hacia esa armonía.

 

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