miércoles, 15 de junio de 2011

Residencias para viejos


Lo que se hace con los viejos, apartarlos en residencias para pasar los años en los que más nos necesitan, no tiene nombre. Es una enorme injusticia, es un tremendo desamor, es una plaga humillante de nuestra sociedad occidental. Eso no existe en otros continentes, en otras culturas: asiática o africana.

Cuando más lo necesita la persona, sus familiares le preparan su equipaje, lo llevan a un centro y lo apartan. Le niegan su ayuda, su cercanía, su ambiente de normalidad, de entradas y salidas, de conversaciones, de alegrías y disgustos.

Y lo más grave del caso es que esta situación no se vive como algo anormal por el conjunto de la sociedad, sino como algo provechoso, bien organizado, bien pensado, adecuado.

El abuelito/a al que llevan a estos sitios está roto por dentro, asustado, sabe que se despide de todo lo que ha vivido, de su casa, de su barrio, de sus costumbres, de sus nietos, amigos, familia, de los suyos. Sabe que no hay vuelta atrás, y se hunde en la tristeza.

Yo presencié una entrada en una residencia de una abuela acompañada de sus hijos, que le llevaban la maleta. La abuela lloraba. Los hijos decían: “Si lloras no vendremos a verte”. Sin palabras.

Tengo una amiga que está en una residencia, que me dice: “Las que somos solteras es diferente, pero las que tienen hijos, están destrozadas”.

Además, en las residencias hay un ambiente horroroso entre los viejos. Se tienen manía a muerte entre ellos, porque es natural en la vejez ser maniático y quisquilloso, y tienen que estar en el mismo salón, donde los aparcan de la mañana a la noche sentados uno al lado de otro, con personas desconocidas, que tienen el carácter agrio como ellos, y con los que no les une nada.

Hemos aprendido a convivir con esta realidad de que los abuelos van a las residencias cuando no pueden valerse por sí mismos, pero, por favor, no nos pensemos que eso es normal, aceptable, correcto. Es totalmente inhumano.

Acabo de leer un libro, tipo comic, que se llama “Arrugas” de Paco Roca, Ed. Estiberri. Ha sido premio nacional del Cómic 2008. Lo recomiendo vivamente. Es impresionante, real, escalofriante, sin medias tintas. Igual de triste que la realidad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente mamá, debes utilizar tu voz para despertar a la sociedad occidental, dormida e insensible en este aspecto.

No puedo estar más de acuerdo en tus palabras.

TE QUIERO MAMÁ!

Anónimo dijo...

SERIA MEJOR METERLOS A ELLOS EN LA CARCEL Y LOS PRESOS EN LAS RESIDENCIAS. LOS PRESOS VIVEN MUCHO MEJOR,LO TIENEN TODO, MENOS LIBERTAD, QUE LOS ANCIANOS TOMPOCO TIENEN.

ATEA...