miércoles, 8 de junio de 2011

La cotidianidad


“Una de las cosas más difíciles y sustanciosas de la vida es el simple y fino arte de levantarse por las mañanas y hacer lo que hay que hacer.” (Joan Chittister)

Para todos reina la monotonía, los actos repetidos una y mil veces, la estéril rutina en la que vivimos instalados. Y tenemos la tentación de huir hacia experiencias más fuertes, enriquecedoras, hacia paraísos soñados que invaden nuestra fantasía individual y colectiva.

Es un arte saber vivir intensamente con lo que se tiene a mano: con la somnolencia de las mañanas, la aridez de lo cotidiano, la inseguridad de los días, el cansancio que acumulamos por las noches.

¿Cómo ver más allá de nuestras narices y de nuestros actos? ¿Cómo encontrar la alegría en lo rutinario?

Es importante encontrar nuestros espacios y momentos de reflexión, en los que darle vueltas al sentido de lo que somos y lo que nos sucede. Cada uno tiene un camino, cada uno llegará a unas conclusiones. Son instantes en que nos elevamos por encima de nuestra materia y de nuestro minúsculo mundo. Y hasta en los actos más rutinarios podemos conectar con nosotros mismos y mirarnos cara a cara.

Todos los tiempos dedicados a nuestro bienestar interior son provechosos, todos nos dejan huella. Aunque en un primer momento parezca que “aquí no ha pasado nada”, poco a poco se irá reflejando nuestra nueva mirada en todo lo que tocamos.

Puede ser que existan los grandes milagros. Yo creo más en los pequeños milagros, porque están en mi campo de visión, los tengo a mano.

Es un milagro entablar un diálogo con todo lo que nos sucede. En nuestro entorno hay personas pero también hay objetos y seres con vida, que comparten la misma energía que nosotros.

Al amanecer, el sol y yo tenemos un mano a mano a ver quién ve primero a quién cuando sale. Hay veces que él me gana la partida, y otras al revés. Tenemos “un pique”. Es bastante milagroso que el sol me deje jugar con él.

Los hechos más cotidianos me hacen guiños de travesura, hay veces que no salen las cosas como yo lo he planeado, entonces me río de mí misma y me siento feliz e intrigada por la sorpresa.

Es extraordinario pensar. Es increíble caminar. Es una delicia sonreír. Es una gozada amar. Es un “lujazo” tener familia y amigos. Es una pasada besar y abrazar.

Y todos estos fenómenos milagrosos se dan continuamente en la cotidianidad más árida y rutinaria.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tan cierto como bello. SENCILLAMENTE PRECIOSO.

Te quiero mamá.