miércoles, 1 de junio de 2011

Bueno y malo


“Mis pecados los ha visto el Señor, me han sido atados por él mismo.” (Lm 1)

Nuestros defectos también se nos han otorgado, no los tenemos por casualidad, de ellos podemos sacar enseñanzas.

Hay quien nace con unas cualidades especialmente buenas para convivir, otros con muchas carencias en este aspecto.

Cuando hay un niño vago, el primero que sufre su vagancia es él mismo, no los demás. No es vago porque quiere, ha nacido así. Cuando hay una persona irritable, él es el primero que padece su nerviosismo. Esto no suelen comprenderlo los de alrededor, que le culpabilizan de su comportamiento. El alumno que es muy inteligente y constante, también ha nacido así, no tiene mérito propio. Por eso al que tiene “mal carácter”, en primer lugar tengámosle compasión porque le ha tocado vivir con una dificultad añadida: su propia manera de ser.

“Palabras como “bueno” y “malo” carecen de importancia. Una y otra pueden convertirse en su contraria. De lo malo ha brotado mucho bueno. Y, a menudo, una gran bondad se ha deteriorado hasta el punto de convertirse en arrogancia, en una falsa honradez. Pero ambas cosas, maldad y bondad, vividas a la luz de Dios, palidecen y quedan empequeñecidas frente a la Vida que las trasciende.” (Joan Chittister)

Las cosas se complican cuando nos metemos a juzgar los comportamientos ajenos, cuando dictamos sentencia y decimos: éste sí, éste no. Éste es bueno, éste es malo. Y nos otorgamos el poder de decir lo que es correcto y lo que no.

Lo bueno y lo malo están en su sitio, no hay equivocaciones ni errores.

En lo malo también está Dios, en los defectos, en la inconstancia, en la debilidad, en las equivocaciones. Está más intensamente con los que más lo necesitan, eso nos dice Jesús con muchos ejemplos: el pastor que va a buscar a la oveja extraviada, el padre que recibe con los brazos abiertos al hijo rebelde, y el apoyo a todos los marginados de la sociedad: la prostituta, los recaudadores, los soldados invasores.

Buenos y malos reciben la bendición del sol, de la lluvia, del amor incondicional y de la existencia. No juzguemos, no nos corresponde hacerlo, sino estar al servicio de unos y otros, cuidando a los más débiles, a los “malos”, con especial mimo.

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