miércoles, 2 de marzo de 2011

Con el corazón


Cuando decimos: “te lo digo con el corazón”. ¿Qué queremos decir exactamente?

En Oriente se emplea “el vientre o la barriga” para hacer referencia a lo mismo. En Japón el vientre se llama Hara, de ahí la palabra Harakiri: corte del vientre.

Al decir el corazón, nos referimos a toda nuestra persona, todo lo que transportamos cuando caminamos sobre nuestros pies. Es un término mucho más amplio que la mente. Los resultados de desarrollar sólo la mente son muy perjudiciales porque se da prioridad a la capacidad intelectual sobre todas las otras capacidades que tenemos.

Al nombrar el corazón, o el vientre, nos referimos fundamentalmente a toda nuestra energía, nuestros logros y fracasos, porque va todo junto, no hay bisturí que separe una parte nuestra de otra, todo está entremezclado y el resultado es la vida. Sí, quizá habría que decir: “Te quiero con mi vida” Porque si decimos con el corazón siempre es equívoco, parece que nos referimos al órgano.

Vivir desde el interior, sea corazón o vísceras, es muy importante, porque ahí nos caben todos los matices de nuestra vida, no sólo lo que pensamos sino también lo que sentimos, y lo que callamos y lo que anhelamos. Y también aquello que no se puede expresar con palabras y que, muchas veces, es lo que manda.

Voto por una revolución de las palabras. Nuestro vocabulario es limitado, en cambio la profundidad de nuestro pozo es infinita. No hay idioma sobre la tierra que pueda expresar el sentirse vivo, el saberse amado.

El corazón, la barriga, el ser…, todo significa lo mismo: esta persona nuestra, temerosa y audaz a la vez, frágil y fuerte en el mismo instante.


Con mis manos, con mis pies, mi cabeza, mi corazón y mi vientre, pido que a todos los que lean estas líneas les sea concedido el don de la confianza, que es el mayor bien que se puede desear.

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