miércoles, 2 de febrero de 2011

Tu Paz


Podemos cambiar el mundo. Sí, es posible. La situación a veces catastrófica de nuestra Tierra, con tanta injusticia y desamor, podemos anularla con nuestra presencia y sobre todo con nuestra postura interior. Porque cada persona es portadora de paz en su corazón.

Parece mentira que nuestro arsenal de armas para ganar esta batalla lo llevemos dentro. Así es nuestra naturaleza, tan frágil y también tan fuerte.

A cada uno se nos ha dado un campo de acción: nosotros mismos. Ahí es donde podemos actuar y manejar para desactivar los misiles peligrosos que atacan la Tierra.

Cuidar nuestro mundo interior, mimar la paz que intenta abrirse paso cada día, regar la confianza, sacar brillo a la esperanza, activar la compasión. Son nuestras armas. Y tenemos que tenerlas a punto para la batalla de cada instante. No somos grandes héroes pero sí está a nuestro alcance ser buenos soldados rasos.

Y, milagrosamente, todo lo que cultivamos dentro, florece a nuestro alrededor. Ésa es nuestra aportación a la paz mundial, no hace falta ir a los países que están en guerra porque la paz camina por sí sola: arranca de nuestro corazón y llega a toda la tierra.

Hay cosas que no se pueden tocar, medir, pesar, pero que tienen más fuerza que las otras, las tangibles. Por ejemplo el amor, la paz, la alegría. Y nosotros tenemos el privilegio de estar a su servicio. Somos sus

sus siervos, sus soldados de a pie.

La paz es la que dirige la batalla, es la que manda, y nos empuja desde el fondo del corazón, existe en cada uno de nosotros, y quiere ser liberada, salir y volcarse en el mundo; por eso no nos deja vivir dormidos, quiere que participemos de su triunfo, de su gloria. Es un gran honor que la paz cuente con nosotros. Y cuando queremos llegar a ella, nos allana los caminos, nos recibe con fiesta.

Somos invitados privilegiados; con un mínimo de nuestra parte asistimos maravillados al nacimiento y crecimiento de la paz mundial que se inicia en nosotros mismos.

La paz tiene suficiente fuerza por sí misma, no nos pertenece, pero sí podemos contemplarla, gozarla y decir como San Francisco: “Señor, haz de mí un instrumento de TU PAZ.”

1 comentario:

Anónimo dijo...

PAZ, AMOR Y ALEGRÍA.

Qué grandes palabras, que grandes sentimientos.

Te quiero mamá.