domingo, 6 de febrero de 2011

Consejos


Los consejos circulan de boca en boca hasta que llegan a tu puerta, justo en el momento que los necesitas.

Hoy me ha llegado uno a través de una amiga: “Si no puedes solucionarlo… deja que suceda.”

Inmediatamente me han sentado bien esas palabras, porque me han quitado la tensión de querer dirigir yo los acontecimientos, cuando éstos tienen su propia lógica, su razón de ser, que no depende de mi voluntad ni de mis deseos.

Para cualquier problemilla que se nos presente, por pequeño que sea, puede servir esa receta de dejar que las cosas sucedan sin que nos culpabilicemos ni agobiemos, que es nuestra tendencia frecuente y natural.

Ahora soy yo la que transmito el mismo consejo y seguro que llegará a alguna puerta donde le están esperando.

Nuestra aventura continúa, mientras iniciemos cada mañana nuestro viaje espacial, rodeados de estrellas, de galaxias, de luces y de sombras.

Nos hacen falta todos los consejos para este corto paseo de nuestra vida. Yo voy a añadir alguno más que me ha ido bien a mí:

-Sonríe y pon ilusión en tu vida.

-Mantén un diálogo íntimo contigo mismo y con todo lo creado.

-Que tus problemas no manden, es decir, deja que te afecten sólo una parte del día, pero no las 24 horas.

-Deja que todo ocurra, y ocúpate sólo en que a través de ti fluya el afecto y el cariño.

-Favorece todo lo que te da paz: lecturas, relaciones, conversaciones, paseos.

-Siéntete privilegiado, honrado, porque has sido elegido para acoger el regalo de la vida.

-Eres una persona con un tesoro en el corazón: una fuente de aguas divinas y amorosas, abre tus compuertas todos los días, para que el amor circule y riegue. Si permaneces cerrado, si las aguas no pueden entrar y salir, te pierdes lo principal, la esencia, la Fuente: que es tu vida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, Concha ("la psicóloga"). Que alegría saber de ti de nuevo!!

Hace muchos años entraste a formar parte de mi vida. De manera callada, silenciosa y sutil, junto con Fernando ("el Padre Cardona" o "el Cardona", a secas). Y allí os instalásteis. Para que yo os recordara cada vez que me hacía falta.

Hace unos años os recuperé en el colegio de mis hijos y en la parroquia del barrio.

Con Fernando me atreví a hablar. A ti no lo hice -hasta ayer- por algún tipo de estupida vergüenza que me alegro haber superado.

Un abrazo, Concha. Por todo lo vivido y por lo que aún nos queda por vivir.

(y felicidades por tu blog!!)

Julio Just.