domingo, 16 de enero de 2011

Sí, quiero


Creamos el mundo, en nuestra mano está que sea de una manera o de otra, porque las cosas siempre responden a nuestras expectativas.

En un experimento se escogió a un grupo de 20 alumnos al azar, y se les dijo a los profesores que esos niños eran superdotados. Este grupo, al acabar sus estudios había sacado las mejores notas, había respondido a las expectativas que se tenía de él.

En lo que tenemos más a mano podemos introducir modificaciones importantes, porque según la mirada que pongamos o la medida que usemos, los acontecimientos variarán.

En los campos de concentración alemanes, había algunos presos que se dedicaban a consolar a los demás y a compartir su mendrugo de pan. La situación era terrible para todos, pero algunos respondían de una manera diferente.

No nos damos cuenta de nuestro poder, no vislumbramos nuestra fuerza, no somos conscientes de nuestra naturaleza auténtica.

Somos creadores de nuestro propio universo, porque tenemos un Padre que se dedica a la creación. Y todos nos parecemos a él.

Por eso es apasionante la vida, porque tenemos que crear nuestro mundo, tejer nuestras relaciones, airear nuestros rincones más sombríos, construir nuestro andamiaje interno.

Todos tenemos los dones necesarios para vivir. Muchas veces, aquellos que parecen más desfavorecidos: los enfermos, los que pasan por sufrimientos de todo tipo, nos llevan la delantera en el oficio de ser personas. Porque se vive por dentro, y por eso no hace falta ni buena salud, ni dinero, ni comodidades exteriores. Se alcanza la paz interior sin que tengamos que movernos de nuestro asiento, de nuestra situación, de nuestra circunstancia.

Como en la ceremonia de la boda, todo se centra en un: “Sí, quiero”.

El texto de la ceremonia sería el siguiente:


¿Quieres confiar en el amor que te atiende y te alimenta, aunque tú a veces no te des ni cuenta?

Sí, quiero.


¿Quieres amar a los que te rodean, dejarles hacer su propio camino y estar a su servicio durante todos los días de tu vida?

Sí, quiero.


¿Quieres bendecir el regalo de tu existencia y aprender a ser agradecido?

Sí, quiero.


¿Quieres participar conscientemente con tu vida en la historia sagrada del universo?

Sí, quiero.


Yo declaro que estás enamorado/a de la vida y puedes seguir amándola hasta el final de tus días.


Que la paz te acompañe siempre.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sí, quiero seguir aprendiendo contigo.

TE QUIERO MAMÁ.