miércoles, 22 de diciembre de 2010

Un tiempo para cada cosa


Hay un tiempo para cada cosa, y todos los tiempos son necesarios.

Hay un ritmo en el universo que no depende de nosotros. Que va y viene, como un péndulo, de un extremo a otro, sin que esté en nuestra mano modificarlo; sólo somos una pequeñísima parte de todo lo que está creado, una ínfima partícula de carbono, situada en un punto de una galaxia.

Hay un tiempo para estar arriba, y otro para estar abajo, hay un tiempo para tener fuerza y otro para estar débil.

Hay un tiempo para los momentos buenos y otro para los momentos malos, y no es más relevante el primero que el segundo. Que estemos en la cima, en la cumbre del bienestar, que nos vayan las cosas bien, no quiere decir nada. Porque igual que existe la juventud, existe la vejez; igual que existe la salud, existe la enfermedad. La parte “mala” de las cosas no quiere decir que la naturaleza se ha equivocado. El mundo, el ser humano, está hecho así. Y el mundo es sagrado.

Nuestra meta es la felicidad, sí. Pero no la felicidad que presupone que no tenemos ningún problema, sino la que acepta lo que se le da en cada momento y a partir de ahí construye su vida, su búsqueda, su historia.

Nos creemos demasiado importantes, con exigencias, con ataques de soberbia, porque nosotros somos “el hombre”, “el señor del universo”. Y nos volvemos arrogantes, impertinentes, déspotas, egoístas. Le pedimos cuentas a Dios; por hacer una comparación: es como si una pequeñísima porción de plancton se encarase con el océano.

Tenemos momentos de gloria cuando conseguimos lo que nos hemos propuesto, cuando hablan bien de nosotros y estamos en boca de todos. Necesitamos ese reconocimiento. Pero ese momento se acaba rápidamente, luego viene la soledad, el temor, el dolor, la incertidumbre. Que también son necesarios.

Estamos mal orientados: los programas y los libros de autoayuda nos instruyen para que tengamos siempre éxito, para que todo nos salga bien. ¡Eso es imposible!

Hay un momento para cada cosa y todos los momentos son igualmente válidos, todos hay que aceptarlos y mimarlos.

Nosotros debemos permanecer serenos en el centro de nuestro corazón y no dejarnos arrastrar por el éxito ni hundir por el fracaso.

Tender nuestra mano al misterio que nos acompaña. Y confiar con todas nuestras fuerzas, por pequeñas que sean.

Estamos aquí para practicar el amor, en cualquier circunstancia que se nos presente; y para que en cada uno de nuestros tiempos, alabemos a la Vida que nos habita.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta. Me gusta mucho este escrito, hormiguita. Tienes mucha razón.
Besos.