domingo, 19 de diciembre de 2010

La inquietud nos domina


La inquietud domina nuestra vida, la preocupación es la reina, los agobios nos inundan, el malhumor nos acecha, el malestar nos visita, la desazón nos corroe, el pesimismo es nuestro carcelero, la tristeza nos ataca, la angustia nos atenaza, la desesperación nos está aguardando, los problemas nos tienen acorralados, los apuros son el pan nuestro de cada día, el miedo nos paraliza, la cerrazón nos impide ver, el rencor no nos deja relajarnos, la ignorancia nos levanta por las mañanas, la susceptibilidad nos hace ver amenazas por todas partes, el mal genio nos controla, el enfado nos impulsa, el egoísmo es el amo.


Muchos inquilinos tenemos que no nos favorecen, porque nos hacen perder el contacto con quienes somos verdaderamente. Todos ellos se han puesto de acuerdo para cerrarnos el paso hacia nuestro interior, y nos mantienen en lo que se puede llamar “una muerte en vida”. Porque aparentemente vivimos: respiramos, hablamos, comemos, planeamos… pero realmente estamos muertos a lo esencial.


¿Son nuestros molestos inquilinos más poderosos que nosotros? ¡En absoluto! Sólo con tomar conciencia de ellos, sin siquiera hacer ninguna acción, ya los hemos vencido. Es bien simple la solución: esto que me pasa es “x”, pero “x” no soy yo, yo soy mucho más, yo soy otra historia, yo estoy por explorar, y resulta que lo que vislumbro allá en el fondo en los momentos de calma, me atrae.

Y después de este necesario primer paso de desenmascarar nuestros impedimentos, sólo falta ponernos en camino. Aventurarnos a lo desconocido, al misterio de nuestro ser.

Dejando fuera de nosotros lo que nos molesta, lo que nos impide la alegría.

No entrando al trapo de las situaciones que quieren hacernos caer de nuevo en la inquietud.

Manteniendo la llama de nuestra paz siempre encendida.

Y agradeciendo, siempre agradeciendo.

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