miércoles, 29 de diciembre de 2010

Palabras clave


Son tres palabras, tres sentimientos clave en nuestro realizarnos como seres humanos auténticos. En todas las creencias, enseñanzas de espiritualidad y de interioridad, se repiten como una letanía:

Amor

Alegría

Agradecimiento

Parece que tenga que ser lineal: siento Amor, del que brota Alegría, a la que sigue el Agradecimiento. Pero pueden darse los tres en el mismo instante, tan entremezclados que no se sabe cuál es el primero.

No nos hace falta nada más, no hay que inventar un vocabulario nuevo, no hay que explorar caminos extraños.


Amar: como única tarea de mi jornada. En mi agenda rutinaria y sosa, introducir la sal del amor para que mi vida tenga sabor a algo, para poder apreciar los pequeños detalles de cercanía, que siempre los hay.


Alegría: “Saberse amado por Dios es la mayor alegría” (Pablo Domínguez)

En estos días hay una acumulación de alegría; que es más o menos auténtica, dependiendo de lo saneado que tengamos el interior. Si ponemos barreras entre nosotros y los más próximos, no podemos disfrutar plenamente de ese sentimiento.

Navidad quiere decir que el amor nace y se realiza en nosotros, y dedicamos unos días a celebrar tal acontecimiento. Aunque es a lo largo de todo el año que vamos experimentando navidad.


Agradecimiento: Busquemos siempre motivos para dar gracias. En las reuniones familiares, celebraciones en las que se ha puesto tan buena voluntad para que todo funcione, no nos dediquemos a juzgar, a poner nuestra crítica negativa a las personas con las que hemos convivido. Por una vez, demos vacaciones a nuestro afán de protagonismo, a nuestras ansias de dejar en mal lugar a los otros: hermanos, cuñados, suegros, allegados.

La alegría es una fuente que brota de modo natural como consecuencia de esa unión sincera entre hermanos.

Lo más triste de estas fiestas sucede cuando bajo la apariencia de la unión hay desunión, bajo la apariencia del amor, hay desamor. Está en nuestra mano que nuestra presencia sirva para construir puentes. No podemos cambiar a los otros, sí a nosotros.

Luchemos con todas nuestras fuerzas para que no haya engaño, doble fondo, trampa, en nuestro interior, para que nuestra Navidad sea auténticamente dichosa.


Que nuestro único oficio sea

AMAR


Nuestro auténtico brillo sea la

ALEGRÍA


Y que de nuestra boca sólo salga la palabra

GRACIAS

1 comentario:

Anónimo dijo...

Este texto, dice mucho de ti, hormiguita.
Besos.