domingo, 14 de noviembre de 2010

Todos tenemos sed


Todos tenemos sed de algo.

Todos perseguimos algún fin, en cualquier tipo de actividad: que vaya adelante un negocio, interpretar con acierto una obra musical, preparar satisfactoriamente una comida, limpiar bien una casa, arreglar eficazmente un grifo, poner correctamente unos ladrillos, ser eficientes en una oficina, o en un trabajo de fábrica. Y eso, sin más adornos, ni oraciones, ni rituales, ya es un síntoma divino.

Todos los humanos anhelamos que nos salgan las cosas bien. Ser felices es la meta misma de la vida.

A través de nuestras realizaciones y nuestros oficios, lo que estamos buscando es la felicidad. Y todos los grandes santos nos dicen que Dios es la Dicha suprema.

Todos tenemos la misma sed, porque el deseo de ser felices y el deseo de amar y ser amados son las fuerzas motivadoras de todas nuestras actividades.

En eso estamos unidos, ahí no hay separación entre las personas, todos tenemos en común el querer realizar bien lo que estamos llevando a cabo. Eso ya es inquietud y búsqueda de lo divino. Y eso no margina ni separa a nadie. En lo esencial estamos todos de acuerdo.

Cuentan que en un bosque vivían: en un extremo los Enanos gigantes, en el otro los Gigantes enanos. Un joven de cada parte decidió ponerse en marcha para conocer mundo, su familia les puso alerta contra los habitantes del otro lado del bosque. Se encontraron por el camino y les dio alegría de verse porque eran exactamente iguales; cuando al hablar se dieron cuenta que eran de pueblos enemigos, comenzaron a pelear. Se fueron quitando la ropa, por el calor, y después de mucho pelear se quedaron dormidos. Al día siguiente, sin apenas abrir los ojos, cada uno se vistió con la ropa de su enemigo, y al mirar al otro pensó que había recibido refuerzos. Cuando se dieron cuenta del error, decidieron ser amigos, y avisar a sus familias de que no había ningún peligro en los habitantes del otro lado del bosque.

Todos somos iguales, con nuestras diferencias.

Todos tenemos la misma sed.

Todos somos hermanos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Me suena el cuento! ¡Qué bonita etapa en la que las hormiguitas disfrutaban juntas de la animación!
Sigo aquí.
Muac