domingo, 7 de noviembre de 2010

Enviar buenos deseos


Cuando envío buenos deseos, al igual que si lanzase una flecha o una jabalina, éstos llegan a su destino sin tardanza y sin errar su punto de llegada.

Las ondas magnéticas que nos rodean son muy eficaces y hacen llegar los buenos deseos al instante a su meta.

A veces, cuando siento ganas de reír, de agradecer, de compadecer, pienso en qué parte del planeta alguien me estará enviando una bendición o buen deseo.

Las bendiciones que voy recogiendo a lo largo del camino me hacen avanzar y me alimentan.

Unas llegan de muy lejos: de la luz del sol y de todas mis estrellas. Otras de las personas cercanas, y del aire, de la lluvia, y hasta de los objetos que utilizamos, tan sabios y tan humildes.

Aquellos que rezan por todos los hombres y mujeres del mundo me envían la energía de su oración. Nada cae en saco roto. Ninguna buena intención se pierde.

Y ése es nuestro alimento principal: los dardos de amor que nos alcanzan, junto con los frutos de la tierra.

Es importante remover esas aguas mágicas que nos rodean, tocándolas con la mano y haciéndolas llegar a todas las personas, a través de nuestros envíos de amor. Esas aguas están a nuestro servicio. Aprovechémoslas.

Nuestro mundo es tan pequeñito en el universo infinito que el más insignificante pensamiento de amor recorre las distancias y los espacios que son su casa, más eficazmente que todos los medios de transporte.

Nuestra vida es un camino de aprendizaje, de rodaje dentro mismo del Amor, que es la materia de la que estamos hechos, y nuestro principal vehículo.

Utilicemos la magia de enviar porciones de dicha a los demás, para hacerles más agradable la vida. De regalar paz, en la cercanía y en la distancia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

"Ninguna buena intención se pierde"

GRACIAS POR FRASES COMO ESTA.

Te quiero