domingo, 3 de octubre de 2010

Prepara tu tierra


Cuando tenemos los ojos abiertos(1), las barreras levantadas(2), y nuestra tierra preparada(3), todos los brotes germinan en nosotros, todas las aguas son bien recibidas, todo nos llega y nos produce gozo, y profundo agradecimiento.

Eso me pasa a mí, a veces: voy por la calle con una sonrisa bobalicona y sin sentido aparente, me siento como el niño que estrena juguetes, ilusionada. Intuyo la mano que remueve mi tierra y siembra en mí. Y no me puedo creer que sea yo la única privilegiada.

Esta aventura que me pasa a mí, también puede ser tuya. Sí, ¡tú!, el que lees, la que estás leyendo esto.

1-Sólo abre bien los ojos, no lo veas todo como natural, sino como extraordinario, la creación entera: la tierra, el mar, las estrellas, los árboles y las pequeñas plantas, el cariño de las personas, tu cuerpo y el de los demás, tus deseos, tus lágrimas, tu existir.

2-Ten las barreras levantadas: esto quiere decir no etiquetar, ahogar, juzgar, parcelar, definir, enterrar, asfixiar. Recibir todo lo que te llega, sea lo que sea, como un regalo. Porque en todo lo que te sucede es el Amor el que está intentando llegar a ti.

3-Prepara tu tierra. Tienes que buscar las cosas que te sientan bien, que te dan paz y te quitan tensión. Eso es preparar la tierra.

Estos 3 pasos son básicos y están a nuestro alcance, aunque no siempre sean fáciles de conseguir.

Y son imprescindibles, porque si no abres bien los ojos, no ves lo extraordinario de la vida. Si levantas barreras entre las personas, no dejas que el amor circule libremente. Y si no tienes tu tierra bien oreada, no entrará en ti la bendición de la luz. Y haber pasado por la vida sin disfrutar del misterio, no tiene que dejar buen sabor de boca.

Propongo que luchemos por el pedazo de cielo que nos corresponde, que ya lo llevamos dentro, pero está oculto hasta que lo descubrimos, hasta que abrimos las puertas adecuadas, y nos libramos de cachivaches innecesarios y molestos, como son los muchos pequeños temores y preocupaciones que nos invaden a lo largo del día y que son una señal de que no nos fiamos, ni nos sentimos seguros. No vivimos plenamente si estamos instalados en la desconfianza. Nos hemos olvidado de que hay Alguien/Algo que nos cuida hasta el infinito, no importa lo sombrío que pueda parecer el presente.

Por eso, preparemos nuestro terreno más sagrado, que es nuestra persona, no dejemos sepultada en nuestro interior la alegría que nos pertenece.

Y confiemos como auténticos niños en brazos de su Madre.

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