domingo, 10 de octubre de 2010

Nuestra aventura


Si hubiera una norma general, un puerto seguro, un algo fijo. Si, de repente, dijéramos: “¡He conseguido la bondad y no se me escapa! ¡Ya sé amar, ya puedo dedicarme a otra cosa, porque el amor lo tengo cogido fuertemente, me pertenece! ¡He logrado la felicidad, puedo dormir tranquila!”
Pero, la sensación de seguridad, de dicha, de un momento no nos sirve para el momento siguiente. Todo está por hacer cada día, el amor es siempre nuevo. Por eso no nos podemos aburrir, al contrario, hay que poner todos los sentidos, toda la ilusión, todas nuestras armas al servicio de la vida.
Lo emocionante de esta aventura nuestra es el pozo de inquietud en el que nos movemos, la sensación de incertidumbre, de cambio. Somos como Indiana Jones, siempre superando pruebas, siempre al borde del peligro.
El peligro mayor es que nuestras múltiples ocupaciones no nos dejen ver el misterio de amor que nos envuelve y que los pequeños matojos nos impidan ver la maravilla de la creación.
Es muy grande lo que nos sucede, y eso hay que experimentarlo no sólo a nivel intelectual, sino también con el corazón, con las entrañas.
Hay que cuestionar todo, poner en duda todo, todas nuestras certezas. No pongamos vallas en ningún terreno, ni lo cerquemos, ni digamos esto es definitivo.
Tenemos que dudar sobre todo de nosotros mismos. Bajo la apariencia de personas honradas, fuertes, solidarias, sólo somos conejillos asustados en busca de seguridad, de dar buena imagen, de sentirnos queridos.
Cuanto más nos instalemos en la fragilidad de nuestra existencia y nos percatemos de nuestra propia debilidad, más podremos ver la grandeza de la mano que nos sostiene, de la fuerza que nos empuja y nos ayuda. Y más y más crecerá nuestra confianza, dejando de lado nuestros miedos, que nos atan de manos y pies y nos roban la libertad.
Y para ser libres hemos nacido. Sentir la libertad es lo más grande que nos puede suceder, porque nos libera de todos los patrones heredados, de todos los prejuicios aprendidos y nos da la comprensión, el amor y la dignidad, que nos hacen sentirnos plenamente herederos de lo Eterno.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Desde tu rincón.

Te equivocas en algo, yo si puedo decir rotundamente: ¡Tengo el amor de mis padres y ellos tienen el mio!

MUAAA!

Anónimo dijo...

La libertad y la seguridad dependen del AMOR que nos rodea. ¡Cuánta razón tienes! Besos, hormiguita.