miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sentirnos bien



Siempre hay una llave mágica para llegar a nuestro interior, una palabra especial que nos acerca la calma, un encuentro oportuno, un aroma, una sonrisa, un saludo, un “no sé qué” que nos devuelve a nuestra gozosa realidad.

Y durante unos segundos, minutos, horas, dejamos de lado los problemas y nos sentimos en paz. Poder llegar ahí es el paraíso en la tierra, es el mismo reino de los cielos, es el objetivo de nuestro viaje terrestre.

Cuando uno busca buena posición social, o amontonar posesiones, o cuando uno se engancha en las múltiples adicciones, lo que está buscando precisamente es ese sentirse bien que tanto nos hace falta. En este caso se están buscando tesoros donde no hay nada, porque lo que perece, lo que pasa, lo que un día tenemos y al otro no, eso no nos da estabilidad ni felicidad.

Todos, todos, absolutamente todos los seres humanos buscamos lo mismo: poder dar satisfacción a nuestra desazón, poder llenar ese hueco interior, con el que nacemos, en el que se sitúa nuestro anhelo.

Somos pequeños recipientes que hay que llenar de lo esencial: Amor, Bondad, Alegría. Si nos queremos rellenar de cosas superficiales, siempre iremos como zombis: errantes, alterados, sin paz.

Y la llave la seguimos teniendo a mano: Quizá en forma de enfermedad, que nos pone más en contacto con nosotros mismos. Quizá en forma de soledad, que nos hace más receptivos a las relaciones personales. Quizá en forma de angustia, lágrimas, desazón, que nos hace desinstalarnos de las seguridades y los corsés.

Siempre vuelven los momentos de sentirnos personas auténticas, en medio de las mayores dificultades, de las mayores oscuridades.

Siempre hay ALGO, convertido en paisaje, en amigo, en sorpresa, que nos abre la puerta al infinito. Al que es corto de vista, que no ve más allá de lo que sucede, le parece que se amontonan las casualidades, que ha tenido buena suerte, un golpe de fortuna.

Es hora de que nos enteremos que la buena suerte es Dios. Y todos somos afortunados, porque hemos sido elegidos para habitar en él.

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