domingo, 15 de agosto de 2010

Con la punta de los dedos


Está todo escrito, todo lo que quiero decir ya está bellísimamente dicho. ¿Entonces por qué escribo? No lo sé. Me he acostumbrado a seguir mis impulsos, sin cuestionarme más allá, sin planes de futuro. Por supuesto, al escribir lo paso bien, estoy como ligada a algo-que-me-va-diciendo.


“Tú vives siempre en tus actos.

Con la punta de tus dedos

pulsas el mundo, le arrancas

auroras, triunfos, colores,

alegrías: es tu música.

La vida es lo que tú tocas.”


¿Se puede decir más bonito? Imposible.

Esto es “La voz a ti debida”, de Pedro Salinas.


Me gusta sentirme dirigida por la vida. Me gusta programar una cosa y que luego salga otra. Porque eso me hace sentirme pequeña, expectante, sorprendida, humana. Por ejemplo, cuando me preparo para leer un rato, y recibo una visita: eso sucede con frecuencia, y me hace feliz.

Me hace pensar que mi tiempo no depende de mí, ni siquiera organizo yo lo que voy a hacer, y lo que va a suceder.

Adaptarme a todos los terrenos, a todos los vaivenes del camino, sin que nada chirríe, de modo natural. Porque soy “una mandá”. Eso es. Tengo un jefe/a, que programa mi jornada, y dice: “Vas a tener hoy estas circunstancias y estos encuentros, te espero en todos ellos, a ver cómo me recibes, a ver cómo reaccionas. No te preocupes ante las dificultades, sabes que estoy contigo.”

Esto que acabo de decir está dicho en lenguaje humano y muy burdo. Es una aproximación a lo que yo entiendo que debe ser el asunto de vivir.

La vida es una escuela de danza y aprendizaje. Todos bailamos al son que nos tocan, no elegimos la música, ni la pieza, ni nuestra pareja de baile. Todo se nos da en cada momento. Sólo elegimos nuestra actitud, de aceptación y entrega, o no. En esta representación, tenemos libertad para disfrutar o para aburrirnos. Esa es la diferencia, estar dormidos a lo divino o estar despiertos y gozar.

Como dice Pedro Salinas, con la punta de los dedos tocamos nuestra música y le arrancamos al mundo colores y alegrías. Con la fuerza de nuestros deseos cambiamos nuestro espacio interior, le arrancamos tesoros infinitos y pasamos el relevo a los que vienen después. Estamos unidos unos a otros hasta el extremo, aunque no nos demos cuenta.

En esta cadena mágica de la que formamos parte, ¿qué somos cada uno de nosotros? Quizá un grano minúsculo de arena bendecido por los dioses.

Es suficiente. Disfrutémoslo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La vida es lo que tu tocas,dicho así parece cierto.
Me gusta sentirme dirigida por la vida. Me hace pensar que mi tiempo no depende de mí...
Ahora si, nadie es dueño ni dirige su tiempo. Somos marionetas de nuesta vida de nuestro destino, solo éso.
UN ABRAZO. Atea.

Anónimo dijo...

Un granito de arena te manda un TE QUIERO desde Londres. Sigue escribiendo, leere tu siguiente texto el domingo.