miércoles, 21 de julio de 2010

Sentirse mimado


Cuando uno se siente amado, crece. No sólo a lo ancho y a lo alto, sino a lo hondo y a lo alegre. Es un ingrediente necesario en el camino de hacerse persona.


Ayer, en la feria, unos abuelos miraban a su nieto cómo saltaba en las camas elásticas. Ese niño se sentía mimado, admirado, esponjado, arropado en sus primeros saltos. ¡En la cara de sus abuelos se reflejaba tal mirada de cariño!

Ante mis ojos, el niño crecía como persona.


A mí me pasa lo mismo: esta semana que estoy en la playa, sola con mi nieta, todos se desviven para que haya alguien por la noche para dormir con nosotras; se llaman por teléfono, y se enfadan conmigo si yo interfiero en sus planes de cuidarme.

Delante de mí se despliega el amor con sus diferentes soldados/mensajeros que tienen el encargo de protegerme y me traen el mensaje: “me importas muchísimo, deseo que te sientas muy a gusto, no te voy a dejar nunca sola.”

Por eso sigo creciendo, porque el amor me ama y me lo dice a las claras.

Mimar y sentirse mimado, expresar sentimientos de cercanía y ayuda.


Mi marido siempre presumía de mí y lo decía a quien estuviera delante, le preguntasen o no. Decía: “Mira lo que hace mi mujer” o “Cuenta, cuéntales lo que estás haciendo”. Igualito que un papá o una mamá que presumen de su precioso hijito y de las cosas que hace.

Ahora que mi marido “se ha disuelto” en Dios, me da por pensar que es Dios mismo quien presume de mí, quien me mira con ojos tiernos y me anima en todo lo que hago.


Me he acostumbrado a estar mimada. Primero, cronológicamente, por mis padres, después por mi marido, mis hijos, mi familia y amigos.

La vida me trata con muchísimo cariño.

En correspondencia, yo quiero hacer una declaración, privada y pública, en favor del amor. Llenar mis arcas de ese oro mágico del que estamos hechos y cada día vaciarlas en las personas, los acontecimientos, los objetos.

Llenar y vaciar en un movimiento continuado y único. Quitar puertas y barreras que impidan su paso, allanar caminos, limpiar estancias interiores.

Estar al servicio de quien me mima hasta el infinito, recoger su mensaje sagrado y transportarlo con mi persona.


“Quiero la esencia, mi alma tiene prisa.” Mario Andrade.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Eres increíble y te lo mereces todo, hormiguita.

Anónimo dijo...

fue muy breve ,a mi me supo a poco. Piensa que el queda recibe el doble