domingo, 20 de junio de 2010

La vida espiritual


“En tanto en cuanto el deseo de nuestro corazón sea buscar a Dios y llegar a ser todo lo que Dios quiere que seamos, cualquier punto del viaje donde nos encontremos, será el lugar donde debemos estar.” Joann Nesser

Comprender esto supone una conversión, un cambio del punto de vista. Significa la llegada de la luz a nuestra vida. Es dejar de mirarnos el ombligo para mirar más allá de lo que vemos, de lo que está ante nuestros ojos.
Es descubrir la Conciencia donde se mueve nuestra conciencia, la Fuente de donde brota nuestra agua, el Amor del que nace nuestro amor, el Océano del que somos olas pequeñas.

Alguien podrá decir: pero es que yo no siento esa llamada a mirar más allá, a buscar la trascendencia de las cosas, a convertirme, ¿qué puedo hacer?
¡Sencillamente, deséalo!
Los deseos son nuestros ayudantes, nos guían en el abismo del misterio.
En tu interior, sinceramente, repite: “deseo encontrar a Dios en mi vida.” No es necesario decir la palabra “Dios”, puedes cambiarla por la que para ti tenga más fuerza o más magia: puede ser Amor, Espíritu, Alegría, Paz…
La sinceridad es absolutamente necesaria. No puedes estar a medias, hay que desearlo a corazón abierto. Y no te rindas a la primera sino que insiste, como un bebé protestón.
Algo empieza a cambiar, sin que te des cuenta. Lo primero que sucede es que te vas a conocer un poco más, y ese es un paso fundamental. El encuentro con lo divino va estrechamente unido al encuentro con nosotros mismos.
Entonces habrá comenzado tu vida espiritual, que es la vida tal como ocurre, pero mirada con otra luz, la del misterio y el agradecimiento.
El que no haya experimentado inquietudes en este terreno, le aconsejo que lo intente. Sólo así va a encontrar la dicha y el sentido en su vida.

“Dios es todo para mí, pero fundamentalmente es Vida, mi misma vida, mi realidad, hecha precisamente de lo cotidiano, de lo cercano, de lo diario, de lo de todos los días. Creo que en vivir la trascendencia y lo sublime de lo ordinario y cotidiano consiste la felicidad de mi vida.” Maite Melendo

Lo mismo digo.

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