Todo viene a nuestra vida para algo. Suceden cambios que vamos integrando siempre lo mejor posible para nuestra estabilidad, para que todo siga teniendo un sentido, una trascendencia. Todo ayuda a todo.
Necesitamos un corazón atento a los detalles, para aprender a descubrir y valorar el derroche de luz y de generosidad de la vida. Y para ser agradecidos con tantas personas que nos acompañan, tanto milagro siempre presente.
Todos hemos venido a poner nuestro granito de arena en la construcción de un mundo que respire paz, con nuestra buena intención y buen hacer. Parece idílico, por supuesto no siempre se hace, pero es una tarea que en cada momento nos espera, desde el primer al último día que pisamos la tierra.
La bondad es el faro necesario en el mundo, en las relaciones de todo tipo, y siempre viene en rescate nuestro, nos toca el corazón, nos emociona hasta las lágrimas, nos muestra el camino.
La bondad abunda a nuestro alrededor y en nosotros mismos, en multitud de gestos pequeños, cercanos, de acogida. No suele salir en las noticias pero tenemos ojos y corazón para verla. Y es un gran alivio saber que su presencia contrarresta todo el mal, porque el pensamiento y la acción positiva tiene muchísimo más poder que la negativa. Las nubes y las tormentas pasan pero el cielo permanece.
Dice el Tao: “Cuando conoces la fuente, de modo natural, te vuelves tolerante, desinteresado, divertido, de corazón cálido como una abuela…”
Todos conocemos muchas personas con ese corazón cálido, que nos han transformado con su bondad y nos han enseñado a valorar lo que verdaderamente importa: ser buenos.

1 comentario:
Necesitamos estar atentos a los detalles, al derroche de luz y amor.
Entender que venimos a aportar nuestro granito de arena, guiados por la bondad.
Hermosa enseñanza Conchi.
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