sábado, 2 de mayo de 2026

La mirada de la fe

 


Somos deseo, expectativa y búsqueda, grito y herida que hace su camino. Unión de amor y de inquietud, de luz y de sombra, todo junto y todo necesario.

Con la mirada de la fe, cada paso, cada día, nos acerca al descubrimiento de que somos amados, cuidados, guiados hasta el mínimo detalle. Esa mirada se nos regala y es decisiva para sentirnos bien. Ya no vamos sin rumbo por el universo, estamos aquí con un objetivo y hay una voluntad de amor detrás de todo. De todo, hasta de lo que no podemos entender. Todo tiene un sentido que se nos escapa. Por eso, no queramos descifrar lo que es imposible, ni decir lo que conviene o no. No nos empeñemos en ser pequeños dioses, que de todo dictan sentencia, juzgan y condenan.

Nada poseemos en el mundo, todo lo recibimos como préstamo, el amor, la alegría, la confianza, la sensibilidad, con el fin de ponerlo en circulación y al servicio de la vida cotidiana.

Trabajamos nuestro corazón, de un modo más o menos consciente, y aprendemos a arar nuestra tierra, para que salga la buena energía que habita en lo hondo de nuestra persona.

Somos ignorantes y a la vez llevamos la sabiduría incorporada y la usamos en lo pequeño de cada instante, en todas las buenas intenciones y los gestos de cercanía y unión, y también cuando la vida nos pone al límite. Porque, aunque a veces esté oculta, la bondad existe en cada corazón, y esa siempre es y será la mejor noticia.


sábado, 25 de abril de 2026

Asombro

 


El discípulo preguntaba al maestro por el secreto último de la vida, el maestro le respondió si había escuchado el canto del pájaro. Porque cuando escuchas o miras algo con atención y amor, sin juicios ni resistencias, te haces testigo consciente y puedes ver un milagro en todo, y abrirte a la contemplación que lleva a la capacidad de asombro. Ese es el secreto último y a nuestro alcance. Es la meta de cada instante: admirar y agradecer.

Vivimos inmersos en las preocupaciones diarias que nunca faltan a su cita. En nuestra mano está tomar la sencilla decisión de no dejarnos atrapar por ellas, sabiendo que todo sucede por algo, y aprendiendo de cada circunstancia por difícil que sea, para que nada nos arrebate la paz.

Buscar cada uno su propia estabilidad, para no quedar hundidos en las dificultades y construir momento a momento nuestro equilibrio personal, hecho de serenidad y gozo que no acaba.

Situarnos en nuestro mismo centro y desde ahí admirar y amar. Tender la mano y abrir el corazón para que todos encuentren el consuelo que necesitan. Poniendo  nuestra confianza y nuestra buena intención en el mundo, como contrapeso de todo lo que es negativo. 

La consciencia y la atención llevan a la mirada agradecida y asombrada, y ese es el secreto último de la vida, el camino humano, que tenemos que practicar y aprender en este pequeño tiempo y espacio que se nos regala.


domingo, 19 de abril de 2026

La sed


 Los seres humanos vivimos con sed, es difícil explicar esta sed, no hay palabras para definirla. Nos sentimos insatisfechos e incompletos, anhelamos hondamente ese algo que nos constituye y nos da sentido. Y por eso estamos permanentemente en búsqueda. El gozo de esa búsqueda nos lleva a continuar, siempre queremos saciar la sed, a toda hora, todos los días. Cuanto más bebemos más queremos, nunca estamos saciados.

Cuando vamos avanzando en el camino se van cayendo las capas artificiales que se nos han ido añadiendo a lo largo de los años, porque vamos tras la autenticidad y la honda alegría de un alma sencilla.

Es una suerte ir sedientos y hambrientos de lo esencial: la dicha y la paz. Sin ese pellizco interior que nos empuja a avanzar somos seres inertes, rígidos robots, sin la chispa que nos lleva a sentir y gozar.

Los sedientos vamos tras la verdad, tras la vida auténtica y experimentamos cada vez más paz, más amor, más alegría. Solemos tener una buena relación con nosotros mismos y disculpamos los errores propios y los ajenos. Todo esto se irradia de modo natural al exterior, igual que se irradia el mal humor y la tristeza, porque somos recipientes transparentes, en los que se ve por fuera lo que llevamos dentro.

Hay un momento en la vida en que dejamos de mirar y depender de lo externo y aprendemos a mirar hacia dentro, hacia esa fuente de la que solo brota armonía.

Ese manantial interior de amor es lo que somos, aunque lo hayamos olvidado. Y no deja de moldearnos y de darnos lo que necesitamos para alcanzar nuestro proyecto de vida, por el que estamos aquí.


lunes, 6 de abril de 2026

Cuidarse


 Importancia de cuidarse uno mismo y de cuidar la tierra, porque son nuestra casa. En el cuerpo y en la tierra la vida generosa se hace entrañable y actúa irradiando siempre lo mejor, si no le ponemos impedimentos.

Tener cuidado supone actuar con delicadeza, con mimo y ternura, porque en nuestras manos está el tesoro de la existencia y conviene tomar consciencia de lo que hacemos con él. 

Nuestra actitud de confianza en todo lo que sucede es el camino. Nuestro corazón esperanzado atrae la fortaleza que necesitamos. En cambio, la tentación del desánimo nos paraliza y nos estanca.

A lo largo del camino de nuestra vida puede ocurrir de todo, por supuesto. Pasamos por momentos de sequía o de oscuridad y otros de gozo. Y todo hace falta para nuestro aprendizaje, todo ocupa su lugar necesario y tiene un propósito.

El cuidado espiritual y personal es un proceso lento, no de resultados inmediatos, pero en cada paso conseguido no hay vuelta atrás, es un escalón que nos lleva a la siguiente etapa. No hemos de olvidarnos de que todo está bien orquestado y dirigido por aquello que tan solo es Amor, y que ocupa cada una de nuestras células, además de todo el universo.

La vida nos da infinitas oportunidades para la confianza y la alegría, enseñemos a nuestro corazón a saber reconocer esas ayudas. Digamos sí a la vida que nos rescata de la oscuridad en cada momento y nos renueva por dentro. Algo está naciendo en nosotros, es una nueva criatura. Cuidémosla.


domingo, 22 de marzo de 2026

Benditas palabras


Puedo vivir dentro de una frase, incluso de una palabra, porque las palabras tienen poderes y magia. Ellas nos dan sentido y nos protegen.

“Cuando me hablabas, yo devoraba tus palabras, ellas eran la dicha y la alegría de mi corazón, porque yo te pertenezco.” (Jer 15,16). Me encanta devorar palabras, masticarlas, sacarles el sabor, hasta sentir cómo el corazón se me ensancha y no cabe dentro de mí. Esa es una de las grandes experiencias humanas que se me ha dado, y que está al alcance de todos: saber o saborear, que tienen la misma raíz (sapere).

El poeta León Felipe nos habla de remojar la palabra divina y de humedecerla con nuestra propia saliva y con nuestra sangre, para hacer revivir los versículos quietos y paralíticos con el ritmo de nuestro corazón. Cuando la palabra se incorpora a nosotros deja de ser letra muerta, le damos vida y entonces adquiere sentido pleno. Por eso, orar tiene sentido si lo hacemos desde la fe y el convencimiento.

La palabra amor contiene dentro todo el universo. Sin duda, es la palabra más grande. También tienen mucho peso otras palabras, como: abrazo, perdón, amigo, hermano.

La palabra espíritu nos habla del aire que se nos metió o insufló dentro para empezar a vivir. Qué emoción despierta y qué trascendente ese instante creador, continuado en el presente de nuestras vidas.

La palabra luz siempre nos alumbra. Y con la palabra confianza comenzamos a caminar, sin ella estamos estancados.

Benditas palabras, que nos acompañan y en las que nos apoyamos, porque son nuestras aliadas.


domingo, 15 de marzo de 2026

Bendecir


 Vivir bendiciendo o vivir quejándonos. Podemos elegir, tenemos libertad. La queja se incorpora de un modo tan sutil en nuestras vidas que sin apenas darnos cuenta podemos estar inmersos en ella.

Un corazón que bendice siempre se inclina hacia la gratitud y la alabanza. Encuentra motivos de gozo y de esperanza, aún en medio de dificultades y oscuridad. Es un corazón que no depende de que las cosas vayan bien o mal sino que trabaja su interior y encuentra la fuerza necesaria para vivir con sentido desde dentro.

Con pequeñas y continuadas decisiones podemos cambiar nuestra vida en el sentido que queramos darle. 

Se vive por dentro, donde está nuestro centro de decisiones y ahí recargamos la confianza necesaria para vivir agradecidos. Todo esto es un proceso que requiere una vida entera, no es de un día para otro. Y supone una firme voluntad de encontrar sentido a este misterio en el que vivimos.

En este terreno nadie tiene ventaja respecto de los demás, todos estamos en el mismo punto de partida cada día: el no saber y la fragilidad. Y cuando uno ignora y se siente frágil, ignorante, vulnerable, solo hay una salida: confiar. Dar el salto a la confianza agarrándonos a las ayudas que siempre llegan y a la buena energía que nos impulsa a vivir.

Con la queja no avanzamos. Bendecir es el camino, “decir bien” de todo. Que lo que salga de nuestro corazón y nuestra boca sean buenas palabras para nosotros mismos y para los que nos rodean. ¿Somos capaces?


domingo, 8 de marzo de 2026

El legado recibido

 


No nos damos cuenta del legado recibido, de la sabiduría que llega hasta este momento a través de todos los siglos, de la luz de las palabras y los gestos que salen de tantos corazones y llegan hasta cada uno de nosotros.

La buena energía atraviesa espacios y tiempos, al encuentro  de todos los seres que habitamos la tierra y vamos en todo momento buscando la luz y, en tantas ocasiones, a la deriva.

Pasamos superficialmente sobre el regalo que supone vivir, no lo valoramos, no lo cuidamos. Ignoramos que en todo hay un sentido. No nos han enseñado a profundizar en los tesoros que nos habitan, sin embargo, estamos a tiempo. Porque ahora es siempre el momento oportuno de nuestro propio despertar, es decir “de atravesar el centro de nuestra nada y entrar en la realidad infinita donde despertamos como nuestro verdadero yo”. (T. Merton)

La energía divina que es nuestro único motor, nos hace ir dando pasos, de un descubrimiento a otro, de revelación en revelación.

Es curioso que todo sucede sin esfuerzo cuando hay amor, porque este brota de modo natural de su fuente que está presente en todo y es inagotable. Todo es su canal.

Lo que damos vuelve a nosotros, y cuando amamos, nos amamos. Ese es el camino. Facilitar la vida con el amor que sale de nuestros corazones. Y no importa si somos pocos o muchos los habitantes del planeta con esa revelación entre nuestras manos, tenemos el encargo de depositar ese mensaje a nuestro paso, en nuestras tareas, encuentros, proyectos, trabajos. 

La transmisión de ese legado recibido nos da sentido y es la misión de cada uno de nosotros.


La mirada de la fe

  Somos deseo, expectativa y búsqueda, grito y herida que hace su camino. Unión de amor y de inquietud, de luz y de sombra, todo junto y tod...