Solo cuidando la interioridad podemos tener paz. Solo cuando estamos centrados nos sentimos bien. La vida es un proceso creador interior, siempre tenemos un trabajo dentro de nosotros. Conocerse a sí mismo es verdadera sabiduría.
Bajemos los peldaños de la soberbia, del orgullo, y lleguemos al terreno de la humildad, a ras de tierra, adonde está el ser frágil y asustado que somos, lleno de preguntas sin respuesta, de dudas, y a la misma vez, de asombro ante tanta maravilla a nuestro alcance.
Cuando se nos dice: “Ama a los demás como a ti mismo”, lo más difícil consiste en amarse bien a uno mismo. Podemos tratar bien a otros y valorar lo que hacen, en cambio, nos cuesta estar satisfechos con nosotros mismos.
Es grande el misterio de la vida, donde se nos ha dado un lugar. Dice M Delbrêl: “Estamos cargados de una energía que no es proporcional a las medidas del mundo: la fe que mueve montañas, la esperanza que dice que sí a lo imposible y el amor que hace arder la tierra.” En esa grandeza que no podemos entender, nos movemos y existimos. Desde nuestra misma pequeñez, vivamos y expresemos nuestra gratitud, porque somos perfectos tal como somos.
Nos aproximamos a la comprensión cuando amamos, porque estamos hechos de esa materia única, la del amor, que todo lo une y lo hace grande. Ese es el camino directo para llevarnos a casa, para hacernos sentir bien en cualquier circunstancia y poder seguir avanzando en el conocimiento de nosotros mismos. Eso es crecer en sabiduría.






