domingo, 22 de febrero de 2026

Ser coherentes

 


Todos hacemos lo que creemos que es mejor en cada momento y vamos cambiando a lo largo de la vida, por eso, lo que nos pareció adecuado hace tiempo no es lo que haríamos en el momento presente. La vida nos ha ido enseñando a base de momentos felices o de tropiezos, todo suma en nuestro aprendizaje.

Todo empieza a cambiar cuando se amplía nuestro nivel de consciencia y nos damos cuenta de que tenemos poder de decisión, podemos elegir todo de nuevo: cómo me quiero sentir, cómo quiero reaccionar, lo que quiero decir o no, cómo gestiono cada situación.

Esta libertad se aprende poco a poco, cuando ponemos una nueva mirada en nuestra vida y no nos dejamos arrastrar por el primer impulso que aparece, que puede romper la armonía y traer conflictos en nuestra convivencia. 

A veces mantenemos de modo más o menos consciente conductas negativas, porque hay una satisfacción oculta en sentirse víctima y atraer la simpatía y el favor de los demás.

Sin embargo, con el paso del tiempo, en nuestras relaciones ya no cabe todo, ya tenemos otros valores y no estamos anclados en el individualismo o en la superficialidad. Buscamos ser coherentes en nuestras acciones y vivir la vida que queremos vivir, la que elegimos desde el discernimiento y desde el corazón. No todo vale, porque ya hemos iniciado una nueva manera de caminar.

No hay vuelta atrás, nos hemos sentido amados, hemos saboreado la libertad y no podemos vivir sin la paz de las entrañas. Puede haber avances y retrocesos, por supuesto, pero nuestra intención está enfocada en mirar hacia la luz y caminar agradecidos y con alegría desde el amor y el servicio.


domingo, 15 de febrero de 2026

Crecer en sabiduría

 


Solo cuidando la interioridad podemos tener paz. Solo cuando estamos centrados nos sentimos bien. La vida es un proceso creador interior, siempre tenemos un trabajo dentro de nosotros. Conocerse a sí mismo es verdadera sabiduría.

Bajemos los peldaños de la soberbia, del orgullo, y lleguemos al terreno de la humildad, a ras de tierra, adonde está el ser frágil y asustado que somos, lleno de preguntas sin respuesta, de dudas, y a la misma vez, de asombro ante tanta maravilla a nuestro alcance.

Cuando se nos dice: “Ama a los demás como a ti mismo”, lo más difícil consiste en amarse bien a uno mismo. Podemos tratar bien a otros y valorar lo que hacen, en cambio, nos cuesta estar satisfechos con nosotros mismos. 

Es grande el misterio de la vida, donde se nos ha dado un lugar. Dice M Delbrêl: “Estamos cargados de una energía que no es proporcional a las medidas del mundo: la fe que mueve montañas, la esperanza que dice que sí a lo imposible y el amor que hace arder la tierra.” En esa grandeza que no podemos entender, nos movemos y existimos. Desde nuestra misma pequeñez, vivamos y expresemos nuestra gratitud, porque somos perfectos tal como somos. 

Nos aproximamos a la comprensión cuando amamos, porque estamos hechos de esa materia única, la del amor, que todo lo une y lo hace grande. Ese es el camino directo para llevarnos a casa, para hacernos sentir bien en cualquier circunstancia y poder seguir avanzando en el conocimiento de nosotros mismos. Eso es crecer en sabiduría.


domingo, 8 de febrero de 2026

Nuestra confianza

 


A veces se me olvida que no estoy sola, que soy una nota más en el pentagrama del universo, y que hay un director, una melodía y una belleza infinita en esta música donde se unen todas las voces y los cuerpos celestes del universo creado, no falta nada ni nadie en la divina orquesta.  

Todo está dentro de un corazón vivo, atento y enamorado. Por eso no podemos entender lo que nos quiere robar la alegría y la calma, como el mal, la violencia, el enfado. 

Nada ni nadie puede quitarnos nuestra confianza, es más fuerte que todas las tormentas que nos amenazan, es más honda que todo lo que pasa por la superficie del mundo. Y además es regalada, se nos da. No depende de nuestros frágiles esfuerzos por conseguirla. Es como una roca segura donde vamos agarrados, siempre necesaria, porque sin ella nos hundiríamos en el temor y estaríamos a merced de los vaivenes que trae consigo cada jornada de nuestra existencia.    

Es un regalo y también una apasionante faena cuidar nuestra confianza, imprescindible para ver la bondad que nos rodea y la ayuda que siempre recibimos. 

Por el contrario, cuando desconfiamos se interrumpe el flujo maravilloso de la vida, nos hundimos ante las dificultades, los amaneceres se vuelven sombríos y no vemos las bendiciones que incesantemente nos llegan.

A veces se me olvida que no estoy sola, que soy una criatura más en esta eternidad enamorada de su creación, en donde se sitúa este breve tiempo destinado, sencillamente, a dirigir la mirada hacia la luz, y a crecer en confianza y gratitud.  


domingo, 1 de febrero de 2026

Lo cotidiano


 Lo cotidiano es nuestro terreno, el que nos ha sido preparado desde el principio de los tiempos, en el que formamos nuestro modo de ser y escribimos nuestra historia.

En nosotros está la capacidad de ver las bendiciones de las que está llena la vida, y descubrir esos regalos, tantas veces disfrazados de aparentes casualidades. Cuando tomamos conciencia de las coincidencias afortunadas que se dan en torno a nosotros, vamos creciendo en gratitud y alegría. Esa es la única manera de crecer, no hay otra.

A lo largo del día podemos decidir sobre cómo queremos sentirnos, también cómo gestionar y responder a lo que nos llega. Lo importante es estar en marcha, la meta es el caminar de cada día, siempre con la intención puesta en aumentar nuestra propia paz, o lo que es lo mismo, la paz del mundo. Y eso sucede al mismo tiempo que hacemos nuestras tareas diarias o que conversamos con quien la vida nos pone delante.

Lo cotidiano está lleno de vida, es lugar de luz y de crecimiento, de aprendizaje y de encuentro, de búsqueda y de hermanos. Lo cotidiano es tierra sagrada preparada para nosotros, donde cada día nacemos de nuevo y aprendemos lo que necesitamos.

La vida espiritual es un alumbramiento, nunca separado del momento presente. Se trata, como decía Simone Weil, de “instalar un alumbrado permanente de eternidad sobre el paso de los minutos, independientemente de los acontecimientos que los llenen”.

Con esa nueva luz que nos alumbra, todo adquiere su auténtico sentido y se vuelve apasionante cada paso nuestro sobre esta tierra.


domingo, 25 de enero de 2026

La dulzura de vivir


 Todos en algún momento acariciamos en lo hondo el gozo o dulzura de vivir. No tiene nada que ver con que las cosas nos vayan bien, está al margen de todos los vaivenes de la vida, es como una caricia de paz interior y pura alegría que nada nos puede quitar.

Esa dulzura tiene que ver con el amor, que siempre es profundidad y va unido a la esperanza. Y se saborea cuando nos paramos, nos silenciamos y apreciamos los dones que la vida nos ofrece. Somos más humanos cuando somos capaces de vivir la dulzura de cada instante. Y cuando, de modo natural, transformamos ese gozo en gratitud.

A veces pensamos que la fuerza se expresa con gestos duros y severos, sin embargo eso es más bien debilidad. En cambio, la mirada compasiva y la ternura son pura fuerza interior porque es lo que nos mantiene unidos a lo más profundo de nuestro ser donde está el océano de calma que sostiene nuestras vidas. Se expresa en pequeños gestos que iluminan el mundo, y nos impulsan a caminar.

Hay cosas que solo se pueden hacer con amor y con paz, ni con dinero, ni con poder, ni con exigencias. Y son precisamente las cosas más importantes, las que nos enseñan a ser personas auténticas.

En realidad, la única asignatura pendiente siempre es el conocimiento de uno mismo. Para ese aprendizaje necesitamos experimentar esa dulzura de vivir, también llamada paz interior, para a su vez poder compartirla, comunicarla, contagiarla a otros.


domingo, 18 de enero de 2026

Aquí y ahora


 Llevamos a cuestas nuestra vida, con sus quejas, enredos y miedos. Con sus anhelos, alegrías y sueños. Y vamos con prisa, tenemos que llegar. Siempre tenemos que llegar a algún sitio, tenemos que terminar el día, la frase, el camino. 

A su tiempo, lentamente, con avances y retrocesos, vamos aprendiendo a abrazar lo que ya somos, sin juicios ni etiquetas. Y a llegar a donde ya estamos. Nuestro destino siempre es el presente: aquí y ahora.

Es tan incomprensible el misterio de la vida, tan inalcanzable. Desde nuestra ignorancia y pequeñez solo está en nuestra mano poder decir cada uno con su intención y sus actos: “Hágase”. Esa es la manera de expresar la aceptación que necesitamos. 

Y también todos podemos repetir, con las palabras tantas veces escuchadas: “El Señor ha puesto sus ojos en mí, ha hecho en mí grandes cosas, santo es su nombre”. Ese mensaje también es para cada uno. Siempre lo podemos hacer nuestro y expresarlo desde un corazón agradecido y orante.

Qué importante es valorar ese milagro que es vivir, dedicarle nuestra atención y cuidado, poner en ello lo mejor de nuestra persona y estar atentos a lo excepcional de cada momento. Es necesario centrar nuestra atención que tiende a estar en muchos sitios a la vez. 

Cuando conectamos con el momento presente y nos situamos en el aquí y el ahora, entonces podemos acceder de un modo natural a la calma y la plenitud que somos, que siempre nos está aguardando.


domingo, 11 de enero de 2026

Nada me falta


 Me gusta considerar la vida, con todos sus matices y diversidad de manifestaciones, como un increíble y grandioso espectáculo, que llega hasta mí en cada momento, tan solo tengo que ser consciente de ello.

Ser consciente, sin querer dominar ni resistirme, incluso sin pretender entender. Tan solo admirando, agradeciendo y celebrando. Creando mi historia, dando sentido a mi tiempo con mi buena intención y mi entrega,  buscando una vida honda y sencilla. Solo tengo este momento de gracia, este instante de vida en la tierra. 

Algo está en mí sin descubrir, sin desvelar todavía. Yo doy pasos diariamente en la única dirección que existe: conocer y conocerme, o lo que es lo mismo, amar y amarme.

Cuando se tambalean mis seguridades, no entiendo el por qué o el para qué de estar aquí, y busco una llave imaginaria para abrir la puerta al misterio. Hasta que me doy cuenta que no necesito ninguna llave, todo está a la vista ahora y siempre.

Para acoger la grandeza de todo lo que me rodea y poder dar lo mejor de mí misma, mi tarea es cuidar todo lo que hasta mí llega, porque cada detalle y circunstancia de la vida, son momentos de servicio y aprendizaje especialmente preparados para mí. 

Es un proceso lento y paulatino el aprender que todo está en su sitio, que no me hace falta nada más y puedo confiar. Todo llega hasta mí con un fin y la misma vida viene en mi auxilio en cada instante, porque… “El Señor es mi Pastor, nada me falta…”


Ser coherentes

  Todos hacemos lo que creemos que es mejor en cada momento y vamos cambiando a lo largo de la vida, por eso, lo que nos pareció adecuado ha...