domingo, 1 de febrero de 2026

Lo cotidiano


 Lo cotidiano es nuestro terreno, el que nos ha sido preparado desde el principio de los tiempos, en el que formamos nuestro modo de ser y escribimos nuestra historia.

En nosotros está la capacidad de ver las bendiciones de las que está llena la vida, y descubrir esos regalos, tantas veces disfrazados de aparentes casualidades. Cuando tomamos conciencia de las coincidencias afortunadas que se dan en torno a nosotros, vamos creciendo en gratitud y alegría. Esa es la única manera de crecer, no hay otra.

A lo largo del día podemos decidir sobre cómo queremos sentirnos, también cómo gestionar y responder a lo que nos llega. Lo importante es estar en marcha, la meta es el caminar de cada día, siempre con la intención puesta en aumentar nuestra propia paz, o lo que es lo mismo, la paz del mundo. Y eso sucede al mismo tiempo que hacemos nuestras tareas diarias o que conversamos con quien la vida nos pone delante.

Lo cotidiano está lleno de vida, es lugar de luz y de crecimiento, de aprendizaje y de encuentro, de búsqueda y de hermanos. Lo cotidiano es tierra sagrada preparada para nosotros, donde cada día nacemos de nuevo y aprendemos lo que necesitamos.

La vida espiritual es un alumbramiento, nunca separado del momento presente. Se trata, como decía Simone Weil, de “instalar un alumbrado permanente de eternidad sobre el paso de los minutos, independientemente de los acontecimientos que los llenen”.

Con esa nueva luz que nos alumbra, todo adquiere su auténtico sentido y se vuelve apasionante cada paso nuestro sobre esta tierra.


domingo, 25 de enero de 2026

La dulzura de vivir


 Todos en algún momento acariciamos en lo hondo el gozo o dulzura de vivir. No tiene nada que ver con que las cosas nos vayan bien, está al margen de todos los vaivenes de la vida, es como una caricia de paz interior y pura alegría que nada nos puede quitar.

Esa dulzura tiene que ver con el amor, que siempre es profundidad y va unido a la esperanza. Y se saborea cuando nos paramos, nos silenciamos y apreciamos los dones que la vida nos ofrece. Somos más humanos cuando somos capaces de vivir la dulzura de cada instante. Y cuando, de modo natural, transformamos ese gozo en gratitud.

A veces pensamos que la fuerza se expresa con gestos duros y severos, sin embargo eso es más bien debilidad. En cambio, la mirada compasiva y la ternura son pura fuerza interior porque es lo que nos mantiene unidos a lo más profundo de nuestro ser donde está el océano de calma que sostiene nuestras vidas. Se expresa en pequeños gestos que iluminan el mundo, y nos impulsan a caminar.

Hay cosas que solo se pueden hacer con amor y con paz, ni con dinero, ni con poder, ni con exigencias. Y son precisamente las cosas más importantes, las que nos enseñan a ser personas auténticas.

En realidad, la única asignatura pendiente siempre es el conocimiento de uno mismo. Para ese aprendizaje necesitamos experimentar esa dulzura de vivir, también llamada paz interior, para a su vez poder compartirla, comunicarla, contagiarla a otros.


domingo, 18 de enero de 2026

Aquí y ahora


 Llevamos a cuestas nuestra vida, con sus quejas, enredos y miedos. Con sus anhelos, alegrías y sueños. Y vamos con prisa, tenemos que llegar. Siempre tenemos que llegar a algún sitio, tenemos que terminar el día, la frase, el camino. 

A su tiempo, lentamente, con avances y retrocesos, vamos aprendiendo a abrazar lo que ya somos, sin juicios ni etiquetas. Y a llegar a donde ya estamos. Nuestro destino siempre es el presente: aquí y ahora.

Es tan incomprensible el misterio de la vida, tan inalcanzable. Desde nuestra ignorancia y pequeñez solo está en nuestra mano poder decir cada uno con su intención y sus actos: “Hágase”. Esa es la manera de expresar la aceptación que necesitamos. 

Y también todos podemos repetir, con las palabras tantas veces escuchadas: “El Señor ha puesto sus ojos en mí, ha hecho en mí grandes cosas, santo es su nombre”. Ese mensaje también es para cada uno. Siempre lo podemos hacer nuestro y expresarlo desde un corazón agradecido y orante.

Qué importante es valorar ese milagro que es vivir, dedicarle nuestra atención y cuidado, poner en ello lo mejor de nuestra persona y estar atentos a lo excepcional de cada momento. Es necesario centrar nuestra atención que tiende a estar en muchos sitios a la vez. 

Cuando conectamos con el momento presente y nos situamos en el aquí y el ahora, entonces podemos acceder de un modo natural a la calma y la plenitud que somos, que siempre nos está aguardando.


domingo, 11 de enero de 2026

Nada me falta


 Me gusta considerar la vida, con todos sus matices y diversidad de manifestaciones, como un increíble y grandioso espectáculo, que llega hasta mí en cada momento, tan solo tengo que ser consciente de ello.

Ser consciente, sin querer dominar ni resistirme, incluso sin pretender entender. Tan solo admirando, agradeciendo y celebrando. Creando mi historia, dando sentido a mi tiempo con mi buena intención y mi entrega,  buscando una vida honda y sencilla. Solo tengo este momento de gracia, este instante de vida en la tierra. 

Algo está en mí sin descubrir, sin desvelar todavía. Yo doy pasos diariamente en la única dirección que existe: conocer y conocerme, o lo que es lo mismo, amar y amarme.

Cuando se tambalean mis seguridades, no entiendo el por qué o el para qué de estar aquí, y busco una llave imaginaria para abrir la puerta al misterio. Hasta que me doy cuenta que no necesito ninguna llave, todo está a la vista ahora y siempre.

Para acoger la grandeza de todo lo que me rodea y poder dar lo mejor de mí misma, mi tarea es cuidar todo lo que hasta mí llega, porque cada detalle y circunstancia de la vida, son momentos de servicio y aprendizaje especialmente preparados para mí. 

Es un proceso lento y paulatino el aprender que todo está en su sitio, que no me hace falta nada más y puedo confiar. Todo llega hasta mí con un fin y la misma vida viene en mi auxilio en cada instante, porque… “El Señor es mi Pastor, nada me falta…”


domingo, 14 de diciembre de 2025

Mi morada interior

 


Mi morada interior es mi estancia sagrada, donde habito, anhelo, lanzo preguntas, busco, alabo, sueño.

En esta cámara particular yo vivo, nunca sola. Observo la vida que habita en mí, me fijo en los pequeños detalles, educo mi atención siempre dispersa, centro mi mirada. Porque quiero saborear momentos y también aprender las enseñanzas a mí destinadas.

Yo no sé el por qué o el para qué de todo lo que me sucede, voy a ciegas por la vida. Por eso, porque todo lo ignoro, necesito confiar, como el niño pequeño confía en su madre. La confianza es una necesidad, sin ella no puedo, no se puede, vivir de verdad.

También, gracias a esta morada, participo en la creación de mis días, a cada situación le añado el matiz que quiero darle para que los acontecimientos no manden sobre mí. Aprendo a tener libertad para elegir cómo me siento. Para ello se requiere un trabajo de amor y respeto a la vida. El requisito previo será la aceptación de la realidad, que siempre lleva a la paz interior.

Mantengo un diálogo interno enriquecedor, por supuesto siempre en positivo. Abrazo todo lo que viene hasta mí para enseñarme, lo valoro y subrayo, le doy la bienvenida, lo incorporo a mi camino para que me ilumine los pasos. 

Todo esto es un camino a recorrer, no siempre en línea recta. Y no estará acabado hasta mi último aliento. Por eso, mi ocupación diaria y mi único objetivo será cuidar mi morada interior hasta el final de mis días


sábado, 6 de diciembre de 2025

Ser buenos


 Todo viene a nuestra vida para algo. Suceden cambios que vamos integrando siempre lo mejor posible para nuestra estabilidad, para que todo siga teniendo un sentido, una trascendencia. Todo ayuda a todo. 

Necesitamos un corazón atento a los detalles, para aprender a descubrir y valorar el derroche de luz y de generosidad de la vida. Y para ser agradecidos con tantas personas que nos acompañan, tanto milagro siempre presente.

Todos hemos venido a poner nuestro granito de arena en la construcción de un mundo que respire paz, con nuestra buena intención y buen hacer. Parece idílico, por supuesto no siempre se hace, pero es una tarea que en cada momento nos espera, desde el primer al último día que pisamos la tierra.

La bondad es el faro necesario en el mundo, en las relaciones de todo tipo, y siempre viene en rescate nuestro, nos toca el corazón, nos emociona hasta las lágrimas, nos muestra el camino.

La bondad abunda a nuestro alrededor y en nosotros mismos, en multitud de gestos pequeños, cercanos, de acogida. No suele salir en las noticias pero tenemos ojos y corazón para verla. Y es un gran alivio saber que su presencia contrarresta todo el mal, porque el pensamiento y la acción positiva tiene muchísimo más poder que la negativa. Las nubes y las tormentas pasan pero el cielo permanece.

Dice el Tao: “Cuando conoces la fuente, de modo natural, te vuelves tolerante, desinteresado, divertido, de corazón cálido como una abuela…”

Todos conocemos muchas personas con ese corazón cálido, que nos han transformado con su bondad y nos han enseñado a valorar lo que verdaderamente importa: ser buenos.


domingo, 30 de noviembre de 2025

Práctica espiritual


 Una práctica espiritual puede ser atender a nuestras tareas diarias, agradecer estar aquí, mimar momentos, valorar la luz que está en todo, presumir de tanta belleza sobre la tierra, vivir desde la ternura del corazón.

Esta práctica siempre la podemos realizar en lo concreto de cada día, no tenemos que apartarnos de la vida cotidiana para admirar, agradecer, estar atentos a lo que nos sucede. Somos ignorantes, pero la vida que está en todo es lo más extraordinario que podemos contemplar y es pura sabiduría. 

El mayor milagro es el de vivir y ser conscientes de estar aquí. Es algo que tenemos tan a mano que lo vemos normal, o mejor dicho, ni lo apreciamos. Estamos dentro de una cadena infinita de aparentes casualidades, que no son otra cosa que prodigios que se han sucedido para que hayamos llegado hasta este momento y vayamos aprendiendo de un modo más o menos lento, pero siempre seguro. 

Como se suele decir, no hay puntada sin hilo, todo está relacionado por medio del amor, que es ese hilo de oro en el que estamos entrelazados. El universo no se equivoca en la creación.

Todo hay que mirarlo desde lo que nos sucede por dentro, no desde el exterior. Porque puede ser que por fuera tengamos dificultades y nuestro corazón esté lleno de gratitud y alabanza. Y al revés, puede ser que todo vaya bien, y por dentro experimentemos tristeza y malestar. 

Dentro de nosotros mismos es donde tenemos el trabajo de arar nuestra tierra particular para sanearla y poder llevar a cabo nuestra preciosa práctica espiritual, allá donde estemos. Confiando siempre en el impulso generoso de la misma vida.


Lo cotidiano

  Lo cotidiano es nuestro terreno, el que nos ha sido preparado desde el principio de los tiempos, en el que formamos nuestro modo de ser y ...