Al otro lado de mi oscuridad reina la luz de donde salen los potentes rayos que me alimentan. Es la que da sentido a cada momento vivido, y a todas las historias particulares.
Se me ha dado el regalo de la sed para buscar el manantial que me ha traído hasta aquí y me ha dado la vida. Mi anhelo es avanzar en ese camino, no desperdiciar ninguna oportunidad, estar presente en cada situación. Dar la bienvenida a cada emoción y cada momento, sabiendo que todo está en su sitio y no necesito más. Vivir con lo que tengo: trabajo o descanso, fuerza o debilidad, alegría o tristeza, seguridad o inseguridad, confianza o temor.
El estrés viene cuando queremos llevar el control de todo. Es necesario practicar el desapego, no quedarnos pendientes del resultado de cada acción. Seguir el consejo: “Tú da lo mejor de ti mismo en todo lo que tú hagas, pero no quieras controlar los resultados”.
Cómo aprender de todo lo que me sucede, y dejar atrás lo que no necesito, para poder subir cada peldaño de mi existencia, sin apegos innecesarios, con manos libres y el corazón en paz. Y poder dejar descansar a la mente pensante para sencillamente vivir con lo que hay, aceptando, acogiendo y sanando, ahí es donde está mi misión y mi propósito.
En todo este proceso vital, creo firmemente que nunca voy sola, porque hay una Palabra que guía mis pasos, un Aliento que sopla sobre mí, una Mirada que todo lo incluye, una Armonía que danza con mi vida, un Corazón que acaricia y une. Un Universo que me ama.
Hay una Luz que en todo se manifiesta y a todos ayuda.






