Lo que no se puede medir o pesar puede ser mucho más importante que toda la realidad que vemos. Por ejemplo, cómo se mide ser luz, porque todos somos señales luminosas, llevamos dentro la energía infinita que todo lo sostiene.
Cómo se puede cuantificar la amistad, la generosidad o la bondad, que realmente son las cosas que cuentan en la vida, las que nos hacen personas. No le damos importancia a la trascendencia infinita que tienen, en cambio, valoramos o ponemos nuestra atención en lo que poseemos o en las cosas materiales.
Siempre es la hora para crecer y vivir con verdad en nuestro interior. Ahora es siempre el momento adecuado para cambiar y empezar a valorar lo que es importante. Y esto no es un tema secundario sino central y prioritario.
La bondad es la mayor grandeza a nuestro alcance, es poderosa y nada la puede frenar o tapar.
Nuestra máxima experiencia espiritual consiste en amparar y cuidar al que está a nuestro lado, nunca es casual que la vida lo haya colocado ahí, está para algo.
“A mí me lo hicisteis”, es la frase clave que dice Jesús en el evangelio, lo que haces a los demás, a mí me lo haces. Esa es la brújula que nos indica el camino, es bien sencillo. No nos compliquemos con cosas secundarias, no nos vayamos por las ramas.
Dar nuestro tiempo, amabilidad, nuestros dones y recursos ponerlos a disposición, entregarlos. Usar la bondad que llevamos incorporada, facilitar los caminos, tan solo eso.
Eso que no se puede medir ni pesar es la obra maestra que hemos venido a realizar, para lo que estamos aquí.