El discípulo preguntaba al maestro por el secreto último de la vida, el maestro le respondió si había escuchado el canto del pájaro. Porque cuando escuchas o miras algo con atención y amor, sin juicios ni resistencias, te haces testigo consciente y puedes ver un milagro en todo, y abrirte a la contemplación que lleva a la capacidad de asombro. Ese es el secreto último y a nuestro alcance. Es la meta de cada instante: admirar y agradecer.
Vivimos inmersos en las preocupaciones diarias que nunca faltan a su cita. En nuestra mano está tomar la sencilla decisión de no dejarnos atrapar por ellas, sabiendo que todo sucede por algo, y aprendiendo de cada circunstancia por difícil que sea, para que nada nos arrebate la paz.
Buscar cada uno su propia estabilidad, para no quedar hundidos en las dificultades y construir momento a momento nuestro equilibrio personal, hecho de serenidad y gozo que no acaba.
Situarnos en nuestro mismo centro y desde ahí admirar y amar. Tender la mano y abrir el corazón para que todos encuentren el consuelo que necesitan. Poniendo nuestra confianza y nuestra buena intención en el mundo, como contrapeso de todo lo que es negativo.
La consciencia y la atención llevan a la mirada agradecida y asombrada, y ese es el secreto último de la vida, el camino humano, que tenemos que practicar y aprender en este pequeño tiempo y espacio que se nos regala.

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