domingo, 4 de junio de 2017

Qué buscamos

Qué buscamos cuando rezamos, adónde queremos que llegue nuestra oración, cuál es el mecanismo de las plegarias que recorren este mundo. Qué sabemos nosotros de los hilos que nos mueven y nos construyen.
Todo, todo, lo ignoramos.
Me sitúo ante el Ser-Dador-de-Vida-y-Alegría y le hablo, igual que me hablo a mí misma, con el mismo lenguaje. Las mismas palabras me sirven, los mismos gestos.
Lo que le digo nace en mis entrañas, y en mi torpeza pienso que está bien o está mal expresado. Pretendo dar buena impresión, quedar bien, ir de listilla. Cuanto mejor lo exprese, más se me escuchará.
Esto parece ridículo, pero en mi defensa diré: que soy, sencillamente, humana. Con eso está todo dicho.
Algún día borraré palabras y gestos, búsquedas y cansancios, y me quedaré tranquilamente mirando mi vida cómo pasa, saboreando y contemplando.
Porque ese Ser-Comunicador-y-Amigo, ya sembró su oración en el universo, y es la que pretendo atrapar con mi boca y mi persona. Toda la creación es pura oración, expresión divina.
El peligro mayor es pensar que yo si sé y otros no, que yo sí acierto y otros se equivocan. Es decir, autoproclamarme juez y pequeño dios sobre la tierra.
Cuando todo me parece un milagro, algo está sucediendo en mí. El mayor milagro: reconocer y transmitir la ternura divina. Esa ternura es la Ruah, el Espíritu, la Madre que está en Dios.

Es necesario que me ponga a la escucha de ella, que está permanentemente brotando en mi corazón, y para ello, cuidar mi silencio interior, que es mi templo sagrado.

1 comentario:

José María Simón dijo...

Ese peligro que dices es serio.Hay que tener.confianza en uno mismo pero sin competirla, verdad?