miércoles, 7 de junio de 2017

Dios y yo fregamos los platos

En cada momento nos sucede lo más importante, aunque estemos haciendo cosas rutinarias, sencillas, y aparentemente intrascendentes.
Dicho de otro modo: cada momento es de oro. Descubrirlo, depende de nuestra visión más o menos ampliada.
Todo tiene un sentido, y cada respiración vale para acercarnos al alma de todo lo que sucede. Vivir es entrenarnos para asimilar la vida, y así, encontrar alegría.
Pongámonos manos a la obra ya, con lo que estemos haciendo, sea lo que sea será lo más importante.
Cuántas “casualidades” se han tenido que juntar para que yo naciera y haya llegado hasta aquí. La probabilidad de que estemos aquí, generación tras generación, es un completo milagro, la vida no es una casualidad sino una causalidad: estamos aquí por y para algo.
Por eso, utilicemos nuestra voluntad, decisión y valentía para dar un paso al frente y decir: acepto todo tal como sucede. Lo más divino está en mi vida y siempre actúa a mi favor. Con ese convencimiento puedo hasta fregar los platos con otra actitud. La bondad infinita y la belleza son mis huéspedes interiores, entonces puedo asegurar que no estoy sola, incluso que Dios y yo fregamos los platos. Juntos. Santa Teresa decía: “Entre los pucheros anda Dios”.

Lo más esencial para cada uno de nosotros: apreciar el regalo de la existencia. Si esto lo sentimos hondo, todos los accesorios superficiales que hemos añadido a nuestra vida se desvanecen y quedamos dos, que somos realmente uno.

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