miércoles, 31 de agosto de 2016

Rescoldo encendido



Todos los seres humanos que nos hemos puesto en camino hacia la tierra soñada, hacia ese reino de paz que nos ha hechizado, tenemos que iniciar caminos interiores de soledad y quietud, de desprendimiento y alegría.
Pero estamos inmersos en ruido y distracción, no es tan fácil encontrar las sendas que nos conducen a nuestro interior más sosegado.
Tenemos que hacer un hueco en nuestro tiempo y dejar el mejor espacio para ese Espíritu enamorado de nosotros que ya nos ha conquistado en el momento que nos ponemos en marcha. El anhelo es la señal de partida.
Un espacio digno de un rey, los mejores aposentos, los mejores horarios. Y si no podemos hacer grandes cambios en nuestros ajustados horarios y planes, al menos lo de siempre hacerlo nuevo, poner nuestra intención en ello. Si ponemos conciencia en la rutina, ya no es rutina.
Dar tu tiempo a quien te lo ha dado, entregar tu vida a quien te la regaló. Ponernos a su disposición.
Echar a caminar con toda nuestra fragilidad, no buscar la perfección, sí la aceptación. Aceptarnos a nosotros mismos para poder abrir los brazos a todos los seres humanos. La faena que nos espera es interior, se trata de purificarnos, limpiarnos, para llegar a ser plenamente compasivos.
Con la fuerza de la bondad ahuyentar sombras y echar a andar. Sí, ser buenos unos con otros. Para ello, dejar de acaparar protagonismo y cedérselo a los demás para ponernos a su servicio. Esto lo olvidamos muchas veces, sin embargo es lo que más se repite en los evangelios, “he venido a servir”.
El camino más o menos lo tenemos claro, solo nos hace falta la chispa de esa llama o anhelo en el corazón para sobrevolar por encima de las dificultades.
Tenemos suerte porque ese rescoldo de amor encendido que necesitamos para avanzar, ya lo tenemos gratis, sin que hagamos nada por nuestra parte. Puro regalo.

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