miércoles, 10 de febrero de 2016

Es un deber



El tiempo pasa vertiginosamente, ya es por la mañana, ya es por la noche. Ya es lunes otra vez, ya pasó la semana. No nos podemos dormir pensando que luego irá todo más despacio, que la calma vendrá después.
Es una constante tanto en los jóvenes como en los mayores que el ritmo de la vida sea acelerado e incluso estresante.
Sin embargo, aun en las prisas, debemos llevar la calma dentro. Cómo se consigue eso. Teniendo muy claro que la paz interior es nuestra meta y favoreciendo en nosotros todo aquello que nos acerca a ella.
Yo necesito momentos de soledad, lectura, meditación, plegaria, también de respirar y sentir la vida. Y adentrarme, poco a poco pero sin vuelta atrás, en un diálogo que no se interrumpa en ningún momento con Aquel que tan solo es amor.
Es cierto que la vida es un don pero también es un deber, exige algo de nuestra parte, le debemos respeto y amor, por eso tenemos que cuidar nuestra formación. Es un ejercicio continuado y no nos podemos dormir porque sucede que lo de un día no sirve para el siguiente.
Es un deber cuidar a los que son más necesitados, a los enfermos, los niños, los ancianos.
Es un deber disfrutar de la naturaleza, de los colores, olores, sabores. Todo en este paraíso está puesto ahí para que lo contemplemos y agradezcamos.
Todos los seres humanos somos escogidos y llamados a la vida, con algún fin que cada uno descubrirá en su corazón. Se nos ha dado un universo y una preciosa tierra. Es un deber inclinarnos ante tanta belleza y expresar con hechos o con palabras: sí, cuenta conmigo, seré co-creador contigo, enséñame, tú y yo somos uno.
En la precipitación que no me olvide que el Ser Divino siempre dirige mis pasos hacia él.

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