domingo, 22 de febrero de 2015

Felizmente emocionados



Qué importante es que nos emocionemos con aquello que estamos haciendo. La palabra “emoción” significa movimiento e interacción con el mundo.
La emoción es lo que nos mueve a caminar, a curiosear o interesarnos por las cosas, y salir de nuestro encierro o inercia, es decir, las emociones regulan nuestras acciones y también la forma de relacionarnos con los demás.
Hay muchos datos que ignoramos, mucha información que no llega a nuestra consciencia. Dice Francisco Mora que “nada se puede llegar a conocer más que aquello que se ama, aquello que nos dice algo”. El corazón se mueve con las emociones, da pequeños pasos que le abren caminos necesarios.
Me sorprende pensar la relación de fuerzas en las que estoy metida, sin enterarme, porque el subconsciente también actúa y manda muchas veces.
Dice Annie Marquier:“Sabemos que el campo magnético del corazón se extiende alrededor del cuerpo entre dos y cuatro metros, es decir, que todos los que nos rodean reciben la información energética contenida en nuestro corazón. Es una inteligencia superior que se activa a través de las emociones positivas”. Por eso, dice la autora que “hay que cultivar las cualidades del corazón: apertura,  paciencia, cooperación, aceptación…”
Sabiendo esto le daremos más importancia a esas emociones positivas, las pondremos en un primer lugar como objetivo a alcanzar.
Todos en algún momento podemos vernos atascados en problemas y en situaciones que no nos gustan, nos incomodan y nos hacen sentir mal. Pero esto es normal, es la vida misma, lo importante es ver qué hacemos con eso, cómo lidiamos los problemas de cada día. Porque inconvenientes hay para todo el mundo. La convivencia con los más cercanos es siempre dificultosa: suegros y suegras, yernos y nueras, cuñados y cuñadas, vecinos y compañeros.
Vivir es apasionante, no es monótono. Y siempre podemos poner paz en la guerra de nuestras relaciones, y podemos encauzar nuestros sentimientos positivos para que tengan salida y no mueran antes de nacer.
Qué hacemos con esa energía que se pierde en los enfados, con ese horizonte dichoso que se nubla con nuestros egoísmos. Eso es la lucha continua entre vivir y morir.
Si queremos que triunfe la vida en nosotros, vivamos rodeándonos de buenas vibraciones.
Y que ese campo magnético de nuestro corazón enamorado de esta vida cree espacios de paz, inunde el mundo y cure heridas. No se puede pedir o anhelar nada mejor para vivir felizmente emocionados y en camino.

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