miércoles, 28 de enero de 2015

Espiritualidad y vida



Vicente Ferrer: “La vida es lo más espiritual que el hombre puede hacer en esta vida”. No hay una vida espiritual separada porque todo lo que hacemos o lo que somos es espiritual: somos seres espirituales básicamente.
Nos empeñamos en forzar dos mundos enfrentados: materia contra espíritu. Ignorando que nuestros latidos, sangre, sudor y lágrimas son manifestaciones del espíritu y nuestros anhelos, sueños, oraciones y lamentos más profundos forman nuestra misma materia humana.
Una vez asimilada nuestra condición de seres espirituales sobre la tierra, algo cambia en nosotros, se amplía nuestro horizonte y podemos obtener enseñanzas de todo lo que nos sucede y nos ha sucedido hasta este momento.
Estamos aquí para vivir aprendiendo, o aprender viviendo. Y con todo ello, conquistar momentos felices y facilitar la vida al que está a nuestro lado. De tal modo que nuestra espiritualidad o vida no quede relegada a momentos especiales sino que dé sentido a todo lo que tocamos.
Los que hemos sido llamados a la vida tenemos esa única y extraordinaria misión: vivir y actuar, dejándonos la piel en el camino, comprometidos, a tope de ganas, energía o espiritualidad. Dice V. Ferrer que “una buena acción contiene todas las filosofías, todas las ideologías, todas las religiones”.
A veces nos perdemos en las palabras, nos enredamos con ellas y nos impiden el paso a la sencillez del vivir. Nos sobran palabras y teorías.
Espiritual es ayudar al que tenemos a nuestro lado: “Para mí lo importante no es Dios, sino el enfermo que tengo delante”, dice Ferrer. También es ayudarnos a nosotros mismos, respetarnos, tratarnos como recipiente sagrado y gozoso.
Espiritual es la aceptación de lo que nos va llegando, es mirar al horizonte infinito amoroso que nos sostiene y sabernos seguros en él, porque nos va a dar lo que más nos conviene.
Espiritualidad es consciencia plena, es sabiduría básica, es la misma vida que tiene que ver con la bondad. Es vivir en oración, sabiéndolo o no. Es saborear y disfrutar.
Fuimos concebidos en el corazón divino y depositados en el vientre materno por el mismo Espíritu que nos acompaña y alienta y del que somos hijos.
Porque somos seres espirituales podemos decir con el salmista: “Lo que mi corazón desea es pensar en ti, de todo corazón suspiro por ti en mi noche, desde lo profundo de mi ser te busco”.

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