miércoles, 19 de septiembre de 2012

Aceptarlo todo


“La confianza en Dios puede llegar a ser inamovible solo si se está dispuesto a aceptar todo lo que venga de la mano del Padre. Solo él sabe lo que nos conviene. Y si alguna vez fuesen más convenientes la necesidad y la privación que una renta segura y bien dotada, o el fracaso y la humillación mejor que el honor y la fama, hay que estar también dispuesto a ello. Solo así se puede vivir tranquilo.” (Edith Stein).

Aceptarlo todo, tal como viene, y con ello construir mi propia vida, el entramado de mis relaciones vitales. Quien solo acepta lo bueno, no vive plenamente.

Amar al Amor que es el que ha creado mis circunstancias y me mantiene en él. No podemos en cada cambio de la suerte cambiar nuestra creencia. “Cuando todo me va bien, sí, pero si no…”

Hay muchísimas veces en la vida que nos va mal, porque hay enfermedades, accidentes, injusticias, disgustos, tristezas… y nos sentimos realmente mal. Y es entonces la ocasión en la que decimos: “¿Dónde está Dios? ¡Me ha abandonado! ¡No existe!”

Porque según nuestro corto saber, tan solo existe cuando nos va bien. Y así, lo eliminamos de un plumazo todas las veces que no estamos satisfechos. Enjuiciamos desde una medida humana y con ella queremos entender todo. Imposible. Hay que desprenderse del entendimiento, de la lógica, de lo que creemos nosotros que debería ser.

Estamos inmersos en tal inmensidad de relaciones y cambios, que intentamos protegernos, defendernos, hacer patrones a nuestra medida: “Dios es así y debería hacer esto”. Si no lo hace, no existe. Absurdo.

¿Acaso puede el hacha aconsejar al que la maneja? ¿Puede la vasija de barro rectificar la mano del alfarero? Algo así dice la Biblia.

No intentemos manejar nosotros. Es más relajante, dejarse arrastrar por las olas o los vaivenes de la vida, que aunque a veces nos empujan sin miramientos, sabemos que después viene la calma. Siempre viene la calma.

La Realidad que late en todo lo existente, no deja de latir nunca. Con actitud confiada, aguantemos los chaparrones que nos vienen, esperemos el amanecer de un nuevo día, y alabemos la llegada de los buenos momentos, que no nos pillen enfadados o protestando, porque entonces no los veremos llegar.

Aceptar nuestra vida tal como se va desarrollando es la puerta para el equilibrio personal.

Dice León Felipe: “que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo, pasar por todo una vez, una vez solo y ligero, ligero, siempre ligero.”

 

1 comentario:

Anónimo dijo...

No podemos estar de mal humor o con quejas porque entonces no veremos llegar los buenos momentos. Esta enseñanza que nos das es para tenerla presente en todo momento, para automaticamente borrar el enfado, para poder vivir siempre en la sonrisa.
Pasar ligero...cuantas cosas tengo que aprender de mis padres. Qué privilegiada soy!
OS QUIERO!