domingo, 1 de agosto de 2010

Transmitir alegría


Tengo una amiga que siempre me cuenta todas las desgracias que les suceden a las personas que ella conoce. Y cuando se le ha acabado el repertorio, entonces pasa a relatarme los sucesos que dan por la tele. Ya sé que es un caso extremo, pero sí que hay una tendencia muy extendida a contar los problemas de los demás, no las cosas buenas.
Las noticias alegres difunden la alegría. Parece una perogrullada, ¿verdad?

Lo que siembras, crece. Lo que plantas, recoges. ¿Estás plantando malas noticias? Éstas crecen como hongos a tu alrededor. ¿Estás plantando jazmín oloroso? Su perfume te inundará noche y día.
Fijémonos en qué clase de semillas salen de nuestras manos. Para que las gavillas que recojamos sean de buen olor y honda alegría.

Es cierto que quien tiene costumbre de radiar los problemas de los demás, está dándose el gustazo, está pasándolo bien. Pero es “un pasarlo bien” muy relativo, muy equivocado. No le lleva a profundizar en sí mismo y no le conduce a su paz interna.

Siempre, aún en las situaciones más duras, tenemos a mano noticias alegres. Si estuvieran sobre el papel habría que subrayarlas a doble trazo y poner indicaciones para los que leen. Para que pasasen de todas las demás letras y fuesen directamente a leer lo alegre.

Lo mismo tenemos que hacer en la página diaria de nuestra vida. Resaltar, enmarcar, darle importancia a la alegría. No decir “Sí, pero…”
Una conferenciante decía un día que tenemos tendencia a nombrar de pasada lo bueno y no darle importancia. Así, por ejemplo, los padres dicen: “Mi hijo es bueno pero…” No valoran lo bueno que es, sí todo lo que dicen a continuación.

Lo que de verdad es importante, valorémoslo como tal, no lo tengamos arrinconado, olvidado, saquémoslo a la luz para que se vea. Y démosle el lugar que se merece.

Si nos acostumbramos a enfocar nuestra vista y nuestro corazón hacia los momentos de alegría que nos van sucediendo, ¡que siempre los hay!, tendremos una visión diferente de la vida, no podrán con nosotros los problemas ni las contrariedades, tendremos poder sobre nuestras circunstancias.
Al fin nos veremos libres de la tiranía de nuestra parte más sombría y egoísta.
Y marcaremos nosotros mismos el ritmo alegre de nuestra vida.

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