domingo, 5 de julio de 2015

Mi vida es la puerta



Con este título acaba de salir mi nuevo libro. Muchas puertas se han abierto en mi vida para que esas reflexiones vean la luz.
Tan sutilmente actúa en nosotros la misma Sabiduría que pasan los días y parece que no haya pasado nada pero realmente pasan movimientos y revoluciones interiores increíbles. Lo vemos a poco que fijemos nuestra atención.
En la Biblia se cuenta en forma de narración: “El ángel le dijo a los pastores que fueran a adorarle”, “la zarza ardiendo habló”, “el pueblo que andaba en oscuridad vio una gran luz”, “entonces el Señor se dirigió a mí una vez más”. Y así podría poner un montón de citas más, pero esto no nos sucede así. No hay un ángel que venga a hablarnos ni una voz que nos diga nada. Son un símbolo todos los relatos.
En mi caso, cómo sucede llegar a escribir este libro. Lo más acertado sería decir que la vida me va guiando con lo que sucede. Y tiene sus emisarios, yo he aprendido a verlos. Nos habla a través de la gente cercana y de las circunstancias cotidianas. Conviene que nos dejemos moldear y aconsejar, que estemos receptivos. Con las puertas abiertas, precisamente.
Lo más difícil fue llegar a la decisión de publicar el primer libro, porque parece que ese tema no va contigo. Te van diciendo y aconsejando los amigos, hasta que piensas: esto tendrá que ser así cuando tanto me insisten. Entonces nació “Agua y Luz”, libro de poemas que se agotó rápidamente. Al poco tiempo salió: “En defensa del Amor”, una búsqueda apasionada del sentido de mi vida dentro de la Vida. Ahora es el turno de “Mi vida es la puerta”, siempre abierta al infinito, a la belleza, a la trascendencia.
De esta manera “me ha hablado” la vida. Muy silenciosamente me ha sugerido: mira lo que pasa dentro de ti y escríbelo.
Y eso es lo que hago todos los días. Siempre me llegan palabras, citas, inspiraciones para escribir. Las reflexiones, que luego se convertirán en libros, tienen urgencia por salir, son ellas las que mandan, yo estoy a su servicio y me beneficio de su don.
Cuando yo me haya ido a vivir de otra manera, quedarán mis hijos y nietos, maravillosa prolongación de la vida, quedarán mis sueños, anhelos, dudas y certezas, temores y confianzas. También algunos libros, donde estará reflejada la mirada divina a través de mi misma mirada, y ese será un gran milagro, “para el que cree todo es posible”.
Que las palabras que me han movido interiormente, puedan mover otros corazones.
Nada más puedo pedir. Solo me queda agradecer y agradecer.

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