miércoles, 5 de noviembre de 2014

En el océano



“A la orilla solo vemos agua. Si nos metemos con la escafandra del Espíritu Santo, qué maravilla: es el océano de la Palabra de Dios”. (Ignacio Larrañaga).
El fondo de ese océano amoroso comienza a tener sentido para nosotros cuando somos tocados por el Espíritu. Donde no había nada, aparecen detalles de amor, avisos de cercanía y gestos de compasión.
En esos momentos todo me habla de Algo, de Alguien, al mismo tiempo que de Mí Misma. Las palabras cobran nueva vida, las frases se unen para enviarme los mensajes que mi corazón necesita, en las profundidades del océano en que me muevo descubro nuevos matices, una nueva luz.
También en ese momento se acaban las casualidades y vemos que todo procede de una mano que nos ayuda.
Este descubrimiento que lleva a la conversión personal, siempre se vive en clave de alegría. Es un gran acontecimiento, significa lo mismo que encontrar un tesoro, una perla: el cielo soñado, aquí y ahora.
En el mismo océano que están los tesoros estamos sumergidos nosotros; y las bendiciones, como corrientes bienhechoras, nos llegan sin cesar hasta en las cosas más pequeñas, pero no nos damos cuenta, nos pensamos que tiene que llegar algo más trascendente. No somos conscientes de la maravilla del universo y de tanta belleza que nos envuelve. Y se nos va la vida esperando algo más.
Se nos ha metido la manía de que tenemos que hacer las cosas bien para conseguirlo a Él: tenemos que rezar bien, hacer las letanías adecuadamente, cumplir con ciertas pautas o deberes espirituales, participar de unos ritos, centrarnos en unas imágenes, tener un comportamiento adecuado y tantas cosas más.
Pero lo que tenemos que hacer es adentrarnos en nuestra propia realidad y aceptándola amorosamente, caminar con la confianza en que ya lo tenemos todo: la fuerza, el impulso para vivir con armonía y consciencia ya lo tenemos, y es un regalo que nos llega con la misma existencia. No alejarnos de la verdad de nuestra vida, que incluye tanto luces como sombras, seguridades e incertidumbres. Caminar desde lo que tenemos y lo que somos. No anhelar nada más. Se es rico cuando no se desea nada más que lo que se tiene.
Cuando quitamos expectativas engañosas, nos quedamos con lo que tenemos, y ahí es donde ocurre todo, en nuestra realidad tal como es. Comenzamos a poner una nueva mirada sobre lo que nos sucede, una mirada que nos hace descubrir mensajes de amor, palabras que nos transforman y silencios que nos alimentan.
Saborear-el-milagro-de-la-vida y aceptarla-tal-como-es: es la manera de descubrir que ese fondo del océano en el que existimos está lleno de sorpresas y de ternura.

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